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segunda-feira, 2 de março de 2015

ANO DA VIDA RELIGIOSA CONSAGRADA

 Alguns Apontamentos - I


1. A reflexão que aqui iniciamos é uma escolha. Temos que entrar na vastidão do tema da Vida Religiosa Consagrada e buscarmos compreender a Identidade Teológica da Vida Religiosa Consagrada como Identidade de Vida Cristã. Ela é uma profusão de possibilidades temáticas, mas vamos procurar entender a sua Identidade.
2. Precisamos ir aos Documentos do Magistério porque tanto o Vaticano II como os Documentos vindos dos Papas querem levar adiante, na Igreja, uma reflexão teológica para que a Vida Religiosa Consagrada tenha uma experiência viva, teologal, fiel ao Evangelho, aos sinais dos tempos, e ao carisma cristão religioso.
3. A Vida Religiosa Consagrada pode ser identificada sob diversos aspectos: pastoral, eclesial, canônico e por sua inserção dentro da realidade. Não podemos pensar a Vida Religiosa Consagrada como uma realidade abstrata, conceitual ou ascética. Estamos falando é de um FATO DE VIDA, de um  ESTADO DE VIDA, com uma FUNÇÃO BEM CONCRETA.
4. Parece redundância falarmos de Teologia da Vida Religiosa Consagrada. Mas a realidade teológica da Vida Religiosa Consagrada supõe uma precisão importante: ela é uma experiência de FÉ! Ela é expressão e encarnação de experiências bíblica, histórica, teológica, jurídica, psicológica, sociológica e cristã. É UM ASPECTO RADICAL DA REALIDADE CARISMÁTICA DO SER CRISTÃO DA IDENTIDADE IGREJA.
5. A VIDA RELIGIOSA CONSAGRADA É ANTES DE TUDO UM FATO TEOLÓGICO!
6. A funcionalidade da Vida Religiosa Consagrada é presença e serviço. É a consequência lógica de Ser Pessoa Religiosa Consagrada.
7. A Vida Religiosa Consagrada é comunitária! Vive-se em grupos, em fraternidades, em comunidades, portanto é um forte FATO SOCIAL!
8. A reflexão teológica da Vida Religiosa Consagrada é a sua constante renovação. Claro que a renovação não vem de uma elaboração teológica clara, mas de sua experiência vital. A renovação da Vida Religiosa Consagrada vem através da vida. Nasce da experiência e da Força do Espírito e na realidade vivida, cada dia, dos valores do Evangelho.
9. É um projeto existencial!
10. É mais um modo de ser do que um modo de fazer. A sua ação é consequência. Não consiste em fazer qualquer coisa, mas existir no mundo de maneira religiosa consagrada.
 Continua
Fonte: http://carismafranciscano.blogspot.com.br/





segunda-feira, 7 de abril de 2014

El centro de la vida religiosa

Escrito por Luis A. Gonzalo Díez. 
Fonte: http://www.vidareligiosa.es
La vida con centro
Hay un religioso de edad que se toma muy en serio colaborar con nuestra revista. Tiene la jornada bien ocupada. Dedica buenas horas a echar una mano en la misión con sus hermanos más jóvenes y además encuentra tiempo para orar por la misión y el mundo que, como bien dice, “tanto ama Dios”. Tiene este hermano una vida serena, equilibrada y feliz. Está ocupado en las necesidades de los demás porque sufre cuando percibe privaciones, carencias e injusticias… y en este tiempo son muchas. Sabe ponerle nombre a la crisis, porque sus amigos preferidos son pobres… esa es su fuerza. Tuvo en sus tiempos jóvenes muchas y variadas responsabilidades en la comunidad y en la congregación. No los echa de menos, porque hoy sigue teniendo la vida llena, plena. Ha entendido que la vida no son los cargos, sino ser fiel al encargo de Dios… y ese no desaparece al cumplir años.
Conocimiento de la realidad: visión esperanzada del presente
Hoy me ha escrito. Como siempre ofreciendo visión serena. Me aporta una buena relectura de todo lo que se escribe sobre la vida religiosa, que no es poco. Conoce bien nuestra vieja Europa, pero también América Latina y un poco menos Asia y África, pero poco menos. Es un religioso formado, como tantos, y es capaz de comprender que lo que pasa aquí es fiel reflejo de lo que acurre allá y, a la vez, es muy diferente. Es un exponente de esa lectura posmoderna de la realidad, con el poso de haber trabajado la Suma Teológica y la historia de la filosofía de Nicola Abbagnano. Nunca he percibido en sus palabras y actitudes una mínima sombra de nostalgia. Es inteligente y sabe que ni nuestro decrecimiento actual, ni el sorprendente crecimiento de hace unos años, del que depende el momento presente, son cifras serenas. Son datos afectados por realidades sociológicas que todavía no hemos sabido integrar, ni interpretar convenientemente.
Siempre tiene algún relato positivo sobre alguno de los religiosos más jóvenes. Admira cómo trabajan, con la solvencia con que responden y, sobre todo, con la sinceridad con que refieren las cosas de Dios en la propia vida. Vamos que a mi colaborador anónimo de vida religiosa, le sorprende la sinceridad que edades más jóvenes tienen a la hora de hablar de sus logros y debilidades; de sus penas y fracasos… Dice él, con cierta gracia, “¡y yo que me formé pensando que lo bueno era callarlo, silenciarlo… para endurecerme y así ser más fuerte y mejor misionero!”. Sí, ante todo, mi amigo está contento con la edad que tiene, con lo que vivió y, me atrevería a decir, con lo que le queda por vivir… mucho o poco. Y eso se nota.
Acompañamiento de la vida religiosa en esta era
Cuando me hice cargo de la revista me dijo sólo tres cosas, y hoy me parecen especialmente útiles.
La primera que sopesase bien qué publicaba. Decía él, «piensa que asumes esta responsabilidad en un momento en el que la vida religiosa está viviendo un cambio de ubicación. Por eso procura siempre alguien que suavice la tensión, aligere la carga y proporcione esperanza. No te estoy sugiriendo que mientas, eso nunca, pero procura incidir más en las posibilidades que en las debilidades». Me reiteró aquello de los profetas de esperanza frente a los agoreros de calamidades del Papa Juan. Y me lo ilustraba con una larga lista de ejemplos de una cierta tentación maniquea que nos ha acompañado a la Iglesia desde tiempos inveterados.
La segunda, que nunca escribiese sin tener presente que lo leería alguien que piensa, siente y necesita. Que no hay textos asépticos, válidos para cualquier tiempo y circunstancia, sino que deben contener vida que se da y recibe, deben ser textos en relación, porque ésta en su expresión más clara Dios/persona, es el fundamento de la teología. Sus palabras resuenan siempre en mí, sobre todo cuando, en determinadas circunstancias te preguntas qué es lo que procede, cuál es la visión de la publicación o si es oportuno terciar en determinadas polémicas con la palabra o el silencio.
Me dijo una tercera cosa. Sencilla, muy concreta, la expresó más o menos así: “procura no caer en los ismos”. Me sonreí entonces, pero me doy cuenta hoy que es muy sensato. Los «ismos», sean del signo más o menos; sean de apertura o cierre; sean de alabanza o juicio, están siempre equivocados, porque generalizan, cosifican, no describen y, además, engañan. La vida religiosa no puede caer en el pragmatismo, pero debe tener presencias pragmáticas y regirse, en buena medida, por ellas. No puede abogar por el conservadurismo, pero tiene que tener originalidad para cuidar lo que ha sido válido siempre. La vida religiosa no es el adalid frente al hedonismo, porque una estética del culto y la relación es muy propia de la consagración… Y si ya son ismos de mirada desde la ventana, son más peligrosos: “cómo cambiar el corazón de esta sociedad regida por el hedonismo, pansexualismo, efectismo, individualismo, posibilismo…se preguntaba un religioso, no precisamente caracterizado por su capacidad para la comunión y la gratuidad”. Dice mi viejo amigo que, quien así habla, no tiene carisma para cambiar nada, tampoco a sí mismo. 
 Nuestra razón de ser
Ofrecer lo que creemos
Mi amigo, que tiene varios lustros más que yo, me indicó, sin pretender enseñar, que un rasgo esencial de la vida religiosa es la inculturación. El vivir al ritmo de la época. Que la inducción hacia la trascendencia en cada contexto sólo se da cuando hay personas que la hacen posible y creen en ella. Hace unos meses aludiendo al Año de la fe, decía sencillamente: “lo que hace falta es personas que, en verdad, crean”, lo hacía comentando determinadas terapias-espectáculo con las que pretendemos comunicar qué significa creer a base de fuerza y número. Él, formado en la escolástica, resulta que es un ejemplo claro de que la evangelización crece en el diálogo y la aceptación del lugar donde está la persona. Así, no vive la pluralidad como peligro, ni la interculturalidad como contaminación. Así, reitera que la vida religiosa es la palabra ágil de la Iglesia para este tiempo, porque curiosamente, es la única forma de vida que puede rehacerse desde lo que Dios está sugiriendo para hacerse comprensible para esta época.
Comprender lo que vivimos
La mayor parte de las cosas que se escriben sobre la vida religiosa le resultan útiles. También en esto es rara avis porque no tiene otro tipo de pretensión respecto a la verdad, sólo admirarla. Él es de los que da ejemplo en el siempre aprender. No tiene tanto prejuicio como para situar autores en el índice de lo prohibido. Una mañana que pasó a saludarme, me comentó: “te das cuenta de la riqueza que supone la información”. Y me relató varios acontecimientos ocurridos a miles de kilómetros que supondrían un cambio muy significativo en la humanidad. Aquel día habían confluido una manifestación en Buenos Aires, un encierro en Sudáfrica, la construcción de un gigantesco puente en Australia y un acto académico en Paris… Conocerlo todo y quedarse con lo bueno, «es una oportunidad para quien, enamorado del evangelio, lea la vida y la historia, como historia de Salvación», suele repetir. No le gustan determinados editoriales de los periódicos porque sostiene que la ideología es enemiga de la verdad. Por eso su editorial diario lo hace de distintas publicaciones. Es un ejercicio sencillo, casi matemático suele ejemplificar, «si quitas todo lo que va contra, sueles encontrar todo lo que, de verdad es». También sobre este asunto de las ideologías tiene sus enseñanzas, en lo que se refiere a la Iglesia. Este tiempo necesita personas con horizontes amplios en los cuales sólo se busque a un Dios que se ha empeñado en hacer camino con la humanidad. Filosóficamente es un tiempo muy rico, dice mi anciano amigo, -el quiere que lo llame viejo-, porque es más real y que, «como los polos opuestos se atraen, está encantado con este tiempo porque es nuevo y se encuentra a gusto en él». En esto también rompe el molde, al menos a mí me lo parece, cuando sin forzar el discurso es capaz de encontrar aspectos muy positivos en el tono y el fondo de la juventud. Por ejemplo, dice él, que le gusta encontrar y ver a los jóvenes en sus ámbitos y no tanto en los que nosotros les proporcionamos. En estos últimos, afirma, hacen y dicen lo que a nosotros nos gusta oír, no tanto lo que, de verdad, circula por sus venas y, claro, así nunca llegamos a tener noticia real de cómo es en realidad la juventud. Por eso aplaude cuando ve presencias arriesgadas de la vida religiosa en espacios conquistados por los jóvenes… Dice, con gracia, que la cuestión no es adoctrinar, sino entender. Y hoy, desgraciadamente, estamos confundiendo la pastoral de juventud con adoctrinamiento, aunque no se entienda nada.

sexta-feira, 7 de março de 2014

Grande en lo pequeño

Escrito por José Moreno. 
fonte: http://www.vidareligiosa.es

“Dios o el dinero…”

Hoy he tenido que ir a bancos y manejar cuestiones de dinero. En la fila, frente a la ventanilla, me precedía un padre joven –vestido muy sencillo- que durante todo el tiempo ha tenido a su pequeño hijo en cabrito, sobre sus hombros; el niño se sentía sin duda el más grande y seguro de todos los que estábamos allí. En ese momento me surgía una oración sencilla: “Padre, te revelas para mí en cada detalle…hoy en la fila ante la ventanilla del banco, te haces grande en el más pequeño y padre en el más sencillo. Y yo me siento más seducido por ti que por el dinero”. Recordaba el evangelio del próximo Domingo y lo unía al tema del decrecimiento con el que estamos trabajando con los universitarios, y del que da cuenta un monográfico de “Imágenes de la Fe” (PPC) que se publicó en Diciembre pasado.
“Decrecer para crecer” es un lema alternativo que para los cristianos hunde sus raíces en la estructura fundante de la construcción del Reino de Jesús de Nazaret. Las claves cristológicas de encarnación, pasión y resurrección son pilares de un modo de entender la existencia que nos invita a revisar la cultura que ha fomentado un bienestar cuestionando el bien ser, y a presentar alternativas que no van por la producción sin más, ni por el tener por tener, sino más bien por recuperar fuentes de vida que se asientan en la centralidad de lo humano y en la riqueza de la interioridad que sabe “tener menos para vivir y ser más”, creyendo que hay una pobreza liberadora que enriquece, la que pone a Dios y su amor por encima del dinero y la riqueza. La situación actual de nuestras sociedades en crisis está siendo un aldabonazo en la conciencia personal y colectiva para recuperar lo más genuino de lo humano y de la utopía de la fraternidad. Hoy se nos está pidiendo “saber perder para ganar, arriesgar para vivir, darse para ser, empobrecernos para enriquecernos”. Las personas tocadas por el Reino tienen labor seria por la demanda de lo que llevan como tesoro en vasijas de barro. No podemos permanecer dormidos cuando la necesidad de Reino es tan acuciante: “Venga a nosotros tu Reino”.
Estamos llamados a una pastoral que vibre con las inquietudes y necesidades que el mundo se está planteando –como está pidiendo el Papa Francisco-, y que las personas y colectivos más concienciados están ofreciendo como caminos alternativos y fecundos. Se trata de sumarse en la perspectiva paulina de la propiciación de los sentimientos de Cristo como fuente de vida para el mundo actual y colaborar en “el lío de la misericordia activa” que el Papa está proponiendo continuamente, con la clave cristológica: “Cristo, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9). Este es el lema que nos propone para esta cuaresma que comenzamos; no hay duda que la alternativa “Dios o el dinero” es de gran actualidad. El evangelio, como camino de alegría y felicidad, nos propone la generosidad –elegir a Dios- frente a la seguridad engañosa del dinero.
El evangelio, en la alternativa “Dios o el dinero”, nos propone vencer la tentación de la posesión como elemento de seguridad; esta opción es condición básica para poder vivir lo comunitario y ser comprometidos. Para Jesús estaba claro cuando proclamaba que no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. La seguridad del dinero, la seguridad del trabajo, de las notas y el currículum (“Di que estas piedras se conviertan en pan”- Mt 4,3), pueden matar la auténtica vocación y grandeza de una persona, y llevarse así lo mejor de sus sueños, en especial la dimensión comunitaria, fraterna y la capacidad de compromiso; por eso Jesús invita a atesorar tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la carcoma los corroen…no nos vaya a pasar como aquél de la parábola que se pasó toda la vida almacenando y cuando creía que ya tenía lo suficiente, aquella misma noche se tuvo que ir para siempre, y no pudo llevarse nada porque todo lo que tenía era externo, donde la polilla y la carcoma sí corroen. El que es así se empobrece, pierde toda la vida que hay a su alrededor e incluso llega a ver a sus vecinos y hermanos como competidores…hay hermanos que no se hablan (están muertos) por algo de dinero de una pequeña herencia.
La generosidad, como clave de vida, enriquece y lleva a la plenitud del gozo a los que la adoptan y vertebran su existencia con ella. Hay un modo de ser, estudiar, trabajar…según Dios y aquí está la clave fundamental, la gratuidad que genera el verdadero amor: “Ha echado lo que tenía para vivir” (Mc 12,44).

segunda-feira, 27 de janeiro de 2014

Vida Religiosa Consagrada: presença do Reino

Qual a finalidade da Vida Religiosa Consagrada, como presença do Reino? Antes de tudo, sabemos que o chamado é uma iniciativa de Deus a cada pessoa. Deus que chama a uma íntima comunhão com Ele, convidando-nos a conformar nossa vida à do Cristo sob a luz do Espírito Santo. Portanto, a finalidade principal da vida religiosa consagrada é a vivência da primeira consagração na aliança do sacramento do batismo, do qual todos os cristãos leigos também assumem igualmente.
O que diferencia então os religiosos consagrados dos outros cristãos leigos, sendo que todos pelo batismo são consagrados a Deus? O deve diferenciar esta consagração é a forma pela qual vive os religiosos consagrados. Estes, por sua vez, optam pela consagração específica mediante a vivência dos conselhos evangélicos da pobreza, castidade e obediência. Ou seja, vivem o seu batismo de forma radical prometendo manter na aliança batismal o amor a Deus e ao próximo, sendo presença do Reino de Deus. Esta presença do Reino de Deus é assumida de maneira radical e profética. Viver a aliança batismal de forma radical era o que queriam os “padres do deserto” e as primeiras comunidades cristãs, originando-se daí a vida religiosa consagrada.
Ao longo dos séculos, foram muitos os homens e as mulheres que se tornaram bons operários e boas operárias para o Reino de Deus, sendo presença e testemunho. Ainda hoje, são muitos os que optam pela consagração específica mediante a vivência dos conselhos evangélicos da pobreza, castidade e obediência. Esta consagração à vida religiosa, adquiri seu pleno significado quando vivida na comunidade eclesial. O carisma da vida religiosa consagrada é essencialmente eclesial, sendo no interior da Igreja sinal e memória, testemunho e profecia dos valores centrais do Evangelho e do Reino. Os religiosos consagrados,
por sua vez, “em fidelidade criativa continuam escutando a Deus onde a vida grita” (cf. Plano Global da CLAR, p. 03).
Para melhor compreender a finalidade da vida religiosa consagrada, como presença do Reino, podemos defini-la por um tríplice eixo:

1) A consagração (encontro com Deus): Os religiosos tem necessidade todos os dias de momentos de intimidade com Deus, para purificar suas motivações, para se reabastecerem na fé. Esta intimidade ou amizade com Deus deve ser como que um contínuo ato litúrgico, viver em Deus e por Deus através da consagração. Isto significa pertencer totalmente a Deus. É Deus que incide na vida de cada pessoa consagrada e estabelece com ela uma relação dialógica. A consequência desta relação através do diálogo de Deus vai transformando a história da pessoa consagrada. “Neste diálogo com Deus, compreendemo-nos a nós mesmos e encontramos resposta para as perguntas mais profundas que habitam no nosso coração” (cf. Verbum Domini, nº 23). Em contrapartida a pessoa é convocada a amar a Deus de “todo coração, com toda alma, com todo entendimento e com toda força” (Mc 12, 31); e amar o próximo como a si mesmo (Mc 12, 28-34). Quando falta esta intimidade e amizade com Deus, o religioso ou a religiosa vai perdendo todo o sentido de sua consagração e a comunhão com Deus, com os outros e consigo mesmo vai sendo deteriorada, vai morrendo. É a morte e a deteriorização do “corpo”. É necessário, pois, permitir que o Senhor entre em nossa “casa interior”, na Casa de Betânia: “Senhor, se estivesses aqui meu irmão não teria morrido!” (Jo 11, 1-16).

2) A comunhão (viver em comunidade): Os religiosos, operários e operárias, se colocam a serviço da grande messe oferecendo tudo o que são e fazem. No dia-a-dia estão inseridos na comunidade e na Igreja local. São presenças vivas do Reino na vida fraterna em comunidade e em comunhão com a Igreja. Não se pode esquecer que o “ser” é que dá sentido ao “fazer”. Para tanto, os religiosos são aqueles homens e mulheres que vivem em comunidade e a experiência comunitária transborda para a Diakonia, para o serviço do anúncio. O anúncio da comunhão de Deus com a humanidade e das pessoas entre si em Jesus Cristo. Este anúncio inclui abrir horizontes no tempo e no espaço. Esta é a missão dos religiosos consagrados: viver em comunidade; servir ao anúncio da Boa-Nova aos pobres e excluídos da sociedade; serem imagens vivas de comunhão. Esta comunhão reconstrói a comunidade no amor. A comunidade “reconstruída no amor, exala o bom perfume que enche toda a casa” (Jo 12,3).

3) A missão (envio a todos): A missão é para a Diakonia, para o serviço do Reino. Ao longo dos séculos a vida religiosa consagrada foi, no seio da Igreja, sinal e presença, testemunho vivo de oração e de caridade, de contemplação e de apostolado. Sabemos, pois, que o testemunho aproxima os religiosos consagrados ao modelo da profecia bíblica. Isto leva radicalmente ao compromisso com os pobres, na missão. A missão dos religiosos consagrados trás alguns aspectos específicos, conforme já mencionamos acima como, por exemplo, o anúncio da Boa-Nova, da comunhão. Na missão, os religiosos, além do aspecto do anúncio, trazem também o aspecto da denúncia das injustiças que são frutos do pecado pessoal e social. E, não poderiam faltar mais dois aspectos da missão dos religiosos consagrados desde a centralidade da pessoa de Jesus Cristo. O primeiro é o aspecto do discernimento dos “sinais dos tempos”, ou seja, viver a mística dos “olhos e ouvidos abertos”. A vigilância e a prontidão evangélicas (Lc 32-48). Trata-se de descobrir a vontade de Deus num tempo de “mudanças de época”, “tempos desnorteadores” (cf. DGAE, 2011-2015, nº 20, CNBB). O segundo e último aspecto é o acompanhar, ou seja, colocar os pés no caminho, ser presença do Reino de Deus na vida de todos os seres humanos, sem exclusões. Por fim, a vida religiosa consagrada, como presença do Reino, mesmo “atravessando uma etapa de crises” ajuda os religiosos a tomar consciência de sua vocação e os interpela diante da presença do Espírito nos novos cenários e nos sujeitos emergentes. Quais são estes novos cenários e sujeitos emergentes? Que implicações reclamam estes novos cenários e sujeitos emergentes a nossa formação e a nossa vida e missão? (cf. Plan Global da CLAR, 2012-2015).
Fonte:  http://covnazare.blogspot.com.br/

domingo, 8 de dezembro de 2013

Tenemos un problema de lenguaje

Escrito por Martín Gelabert.
En la exhortación apostólica de Francisco sobre “la alegría del Evangelio” aparecen una serie de temas que ya han aflorado en sus homilías y, sobre todo, en las entrevistas periodísticas que tanto revuelo han causado. Uno de estos temas es el del lenguaje con el que explicamos y anunciamos nuestra fe. El Concilio Vaticano II ya había dicho que “la adaptación de la predicación de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda la evangelización”. Me temo que algunos no hemos sabido adaptarnos y seguimos cómodamente repitiendo fórmulas que muchos no entienden. Como no las entienden, no pueden acogerlas debidamente. En esta línea Francisco ofrece unas interesantes consideraciones: debemos “expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad”. No se trata de ofrecer una nueva verdad o de acomodar o reducir la revelación para que no resulte chocante o sea más fácilmente aceptada. Se trata de decirla de forma que parezca “nueva”. Porque al resultar nueva despierta la atención del oyente y así el oyente puede plantearse si quiere acogerla.
“A veces, escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, sigue diciendo Francisco, lo que los fieles reciben, debido al lenguaje que ellos utilizan y comprenden, es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo”. Esta advertencia es muy seria: buscando ser ortodoxos no respondemos al Evangelio. En nombre de la máxima ortodoxia podemos transmitir heterodoxia. Continúa diciendo el Papa: “con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en algunas ocasiones les damos un falso dios o un ideal humano que no es verdaderamente cristiano”. Son advertencias muy graves: repetir un lenguaje que en otras épocas y para otras mentalidades resultó adecuado, puede hoy convertirse en la mayor de las infidelidades, bien porque los oyentes no entienden nada o bien porque entienden “otra cosa”.
El lenguaje está estrechamente ligado a los signos y a las costumbres. También ahí tenemos un problema. Hay algunas costumbres muy arraigadas a lo largo de la historia, no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, “que hoy ya no son interpretadas de la misma manera”. Por eso “ahora no prestan el mismo servicio en orden a la transmisión del Evangelio”. El Papa anima a no tener “miedo a revisarlas”. Dígase lo mismo a propósito de normas o preceptos eclesiales “que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida”. En conclusión: “la tarea evangelizadora se mueve entre los límites del lenguaje y de las circunstancias”. Debemos reflexionar sobre ello y sacar las oportunas consecuencias pastorales.
fonte: http://www.vidareligiosa.es/

sexta-feira, 25 de outubro de 2013

La vida de los religiosos clama en América Latina

Escrito por José María Arnaiz.

En la Asamblea General de la CLAR del mes de junio del 2012 en Quito se elaboró el Horizonte inspirador de la Vida consagrada en América Latina y el Caribe. De él nació el Plan Global inspirado en el icono de Betania y aprobado en la Junta General que se tuvo en México en marzo de este año y que lleva por título: “Escuchemos a Dios donde la vida clama”. En él hemos querido situar la vida consagrada en los nuevos escenarios y unir nuestra voz a la de los sujetos emergentes y parte de la sinfonía que se originó es la que presentamos en este artículo. Tuvimos la impresión de que el que dirigía la orquesta era el Espíritu Santo, que estaba presente y sugería, proponía y a ratos forzaba la máquina para que hubiera compromiso y propuesta nueva.
La letra y la música de esta canción fueron presentadas, también, en el Vaticano y al Papa Francisco. Las escuchó con atención. La visita y el mensaje que nos dejó se han convertido para nosotros en gracia y compromiso. Podemos decir que nuestro clamor es su clamor ya que él es de todos en la Iglesia y la vida consagrada, pero de nosotros procede.
Hilo conductor del plan global
En él hay palabras claves que amalgaman el corto texto: vida, consagrada, nueva. En los religiosos y religiosas del Continente y del Caribe se sufre y se goza; se vive un momento fuerte. Los consagrados claman. Hay que estar atentos y escuchar su voz que va unida a la de los emigrantes, jóvenes, indígenas, afroamericanos, mujeres, encarcelados y excluidos. El clamor de los religiosos es por una nueva forma de vida religiosa. El icono bíblico de Betania ha inspirado el plan. Tiene cuatro protagonistas: Jesús, Marta, María y Lázaro. Si uno les contempla sitúan la vida consagrada en tres situaciones que en el momento actual son reales: la vida consagrada enferma, dormida o muerta. Pero la más real nos la ofrece la escena central y las palabras de Jesús: en ella se resucita, se pasa de la muerte a la vida y se escucha decir a Jesús: Yo soy la resurrección y la vida. La Asamblea quiso ver en Betania una casa de encuentro, una comunidad de amor y corazón de humanidad. Nos desafía a todos a juntar bien estas seis palabras: casa, comunidad, corazón, encuentro, amor y humanidad. Entrelazarlas adecuadamente da como resultado una nueva forma de vida consagrada.

El clamor que sale de los religiosos es el de esta nueva forma de vida consagrada. En la edición del texto final publicado por la CLAR y PPC se encuentran expresiones de este clamor de vida religiosa nueva en las páginas 3, 6, 7, 8, 9, 10, 13, 15, 16, 17, 18, 19, 20 y 23. Es decir, atraviesa todo el documento y bien podemos decir que es su hilo conductor. Se nos pide que se escuche este clamor porque suena a evangelio puro; así la vida consagrada entrará en el dinamismo de la vida resucitada; este grito será auténtico si nace en los nuevos escenarios y lleva la fuerza y pasión de los sujetos emergentes del Continente. La vida consagrada es sujeto emergente y está en un nuevo escenario. Sólo así desaparecerá la impresión repetida en algunas comunidades y personas consagradas de que en esta forma de vida cristiana ha cambiado mucho para que en realidad no haya cambiado nada o al menos lo esencial no se haya tocado. Se siente la amenaza y el riesgo del presente y del futuro. Urge ver los signos de vida que hay en torno a la vida consagrada y “salir del sepulcro” ya que una nueva forma de vida consagrada es posible y para ello estamos urgidos de un nuevo seno que engendre un nuevo modo de ser humanos y de ser religiosos. Las nuevas generaciones de religiosos tienen un rol importante en esta tarea que no puede faltar. La convicción de que una nueva forma de vida consagrada es posible se repite varias veces. El documento termina afirmando que esa nueva forma es semilla, está en gestación, es la alternativa. A describir esa alternativa se dedican los últimos párrafos del documento. En ellos se desciende a precisiones concretas.
Pero el tono y el momento en que nos deja el Plan Global es el mismo en el que nos dejan en nuestros días la mayor parte de las instancias de encuentro, reflexión, programación y propuesta. Hago referencia, de un modo especial a los capítulos generales. Por lo que puedo saber, por ser protagonista en varios de la propia congregación marianista o de otras, estas asambleas se están desarrollando en ambientes buenos y fraternos. Se alza menos la voz de lo que se alzaba en el pasado; hay menos denuncia. Se llega a ponerse de acuerdo bastante fácilmente. Se realizan análisis y evaluaciones oportunas y atinadas; las sugerencias y propuestas son buenas y del buen espíritu vienen. Nos dejan con alimento para hacer el próximo tramo de la historia de la congregación pero no para llegar a la meta. Quedamos en búsqueda, en buena compañía, en sala de espera. No tocamos fondo. Se termina con la impresión de que algo nos falta y que nos falta lo que necesitamos. No damos con los compromisos que produzcan grandes cambios.
Una muerte que lleva a la vida
No hay duda que este texto del Horizonte inspirador ha llegado e inspirado mucho a esta Presidencia de la CLAR, al Equipo de reflexión teológica, a las diferentes Conferencias nacionales y no pocas Provincias y comunidades religiosas. Sé que está siendo “horizonte inspirador” de bastantes religiosos. A todos deja con buen tono, buen espíritu, inquietos. Pero con dificultad para describir y poner nombre a lo que realmente necesitamos: una nueva forma de vida consagrada. Nos ofrece icono, evaluación, convicciones teológicas, tareas para la Presidencia y el Etap; inspiración e intuiciones que no siempre habíamos tenido. Y sobre todo con una: la muerte lleva a la vida. Betania es el icono que necesitábamos. Tenemos que apuntar a una vida que multiplica la vida. No nos sirve el “y- y” ni el “o-o”. Necesitamos alternativa.
Y alternativa a la vida consagrada actual. No se está terminando la vida consagrada; se está terminando una forma de vivir la vida consagrada. Tiene que nacer otra. Pero la vida consagrada tiende a conservar, a no moverse y, con mucha frecuencia, lo consigue. Es verdad que para cambiar bien, como dice H. Maturana, hay que tener dónde poner el pie, dónde apoyarse y desde dónde partir. Pero también a dónde llegar y qué concebir. Supone olvidar, dejar de hacer, des-aprender, suprimir, terminar. Supone, también, sacarse las vendas como tuvo que hacer Lázaro; si no, no habrá movimiento.
En una espontánea lluvia de ideas de contexto latinoamericano y caribeño debemos decir que estamos hablando de un nuevo paradigma, de vino nuevo y odres nuevos, de cambio estructural, de estructuras distintas, de evangelio viviente y vibrante, de alternativa cultural, de más carisma y menos tradición, de transformación. Lo hacemos recordando la historia que nos dice: cuando una forma nueva de vida consagrada ha aparecido no han desaparecido las anteriores; se han transformado. No estamos hablando de nada fácil. Nos estamos refiriendo a lo exigente que es concebir, engendrar, ser fecundos, generar y dar vida. Según el documento las alternativas girarán en torno a la indignación y la creatividad. Estas se convierten, una vez más, en clamor. La vida consagrada es escenario donde se clama y sujeto emergente que clama y en este clamor hay que escuchar a Dios. Pero todo esto no siempre lo entendemos así. “Estas semillas de alternativas quieren llegar al lugar donde sabemos germinar como signos impredecibles del Reino”.
Esto es especialmente urgente e indispensable para la vida consagrada apostólica. La urgencia está recogida en el plan global. Para algunos es delicado el argumento que vivimos ya que supone un juicio al pasado y porque muchas veces se ha quitado sin poner. Además, las nuevas generaciones no dan muchos elementos pero sí no pocas interpelaciones; ayudan a saber qué es lo que se precisa dejar de hacer y dan pocas sugerencias para identificar lo que hay que introducir y proponer. Toca a las generaciones ya en andadura indicar cómo será un presente que tenga futuro. De todas formas, en el Plan Global no hay nada muy concreto en relación con el necesario cambio institucional. Cuando se lee atentamente sí queda uno con provocación, ganas, inspiración, empuje y motivación.
De la conversación con el Papa el 6 de junio sobre este tema bien podríamos decir que “nos dio permiso” para ensayar, buscar y hasta equivocarnos. No hay duda que esta forma nueva de vida consagrada es una semilla. Semilla que puede caer en el camino, entre piedras o hierbas malas o en buen terreno. Pero la semilla no cae sola. Hay sembradores. Se necesitan nuevos sembradores que permitan a la vida consagrada o la muestren caminos y procesos para “salir fuera del sepulcro”, desatarse las vendas, comenzar a andar y agradecer la vida nueva recibida.
En este momento yo personalmente, y sé que otros, nos encontramos en búsqueda y confiados en que meta y etapa nueva se van a encontrar y al mismo tiempo viviendo auténticamente lo que es propuesta ahora y confiando en el Señor que muestra caminos. Es verdad que la institución vida consagrada y bastantes religiosos “claman” y hay que escuchar a Dios en esas vidas que en más de una ocasión se convierten en grito.
Para llegar a la meta, dar el primer paso
Se precisa “comenzar siempre” según el estupendo consejo de Santa Teresa de Ávila. Siguiendo con su vocabulario, cuando corren “tiempos recios” se necesitan “amigos fuertes de Dios” para sacar del riesgo; y la vida consagrada está en riesgo. Por tanto, hay urgencia de dar el primer paso que no es otro que ir a Betania y en compañía de Jesús, Marta, María y Lázaro aprender a resucitar. En Betania se descubre y se vive en “una casa de encuentro, con una comunidad de amor y un corazón de humanismo”. Ahí, en Betania, y con esa compañía, la vida consagrada puede escuchar, mirar, hablar y llevar al corazón y recrear la vida y la consagración. Ahí se pondrá en contacto con otros clamores.
Hay algunas recomendaciones de fondo que pueden servir para dar el primer paso y los pasos siguientes: revisar nuestro lenguaje en torno a la vida religiosa; quizás, como un ejemplo, la palabra “superior” no sirve más. Reelaborar nuestra antropología y optar por la que nos lleve a pensar, sentir y proceder humanamente, a orar, convivir y trabajar por el Reino de diferente manera. Repensar nuestra eclesiología y nuestra espiritualidad. Basar nuestra acción carismática no en la urgencia de la eficacia sino en la humildad del signo. Convertir nuestras comunidades en grupos de contacto vital y de servicio y que sean verdaderos signos maternos que ayuden a vivir en la verdad y no en la apariencia.
No hay duda que para emprender esta tarea se requiere imaginación; así llegaremos a respuestas audaces y creativas; así se ensayará y encontrará camino y no sólo desde una visión mono dimensional, ya que estamos inmersos en realidades pluridimensionales. Realidades, por lo demás, que a veces nos dificultan vivir intensamente. No podemos olvidar que somos una generación híbrida.
Es la oportunidad
Si queremos que así sea, así será. Este plan global deja con tarea para andar en esta dirección. Por este camino nos quiere el Papa Francisco. Después de presentarle este plan global en sus palabras percibí que nos ofrecía método, camino, proyecto; nos trasmitía pasión y visión y nos presentaba una dirección. Nos invitó a ver los signos de vida y los signos de vitalidad que hay hoy en la vida consagrada. Comunicó entusiasmo. Un paso más e importante es ponerles nombre. En otro momento tenemos que acertar a situarles en el contexto cultural y eclesial actual y ver cómo la propuesta tiene algo de nuevo paradigma. A partir de esto, comenzar a vivir etapa nueva; evitar quedarse en el camino y no aprovechar esta oportunidad que se nos presenta. Indispensable para nosotros celebrar este nuevo comienzo: pedir perdón, interceder, agradecer, alabar al Señor ya que la vida consagrada sigue siendo “quilla” (Pablo VI al cardenal Pironio) de la barca de la Iglesia. Así se llega a la alternativa.
Tuve la impresión al terminar el encuentro del día 6 de junio del Papa con la CLAR que el Papa Francisco bendecía este plan y este proyecto. Estaba contento con él. Haber aceptado y querido el encuentro distendido y muy confidencial ya era mucho. El modo cómo se llevó a cabo fue una confirmación de su estilo de animación de la Iglesia y de la vida consagrada y de las ganas que tenía de estar con nosotros. Nos invitó a abrir puertas y a preferir una vida consagrada que se la juzgue y se la critique por alguna de las cosas que hace a una vida consagrada que está enferma por vivir aislada, pasiva y sin implicarse en nada… Nos invitó a querer y hacer lo que el Espíritu quiere. Así ha procedido él desde que le eligieron Papa… a poner oído atento ahí donde la vida clama. Muy fuerte la invitación a defender a los pobres. En este tema hay que cambiar de rueda. Esto es evangelio puro. Metodológicamente se precisa llegar hasta las causas de la crítica situación actual y no quedarnos en los síntomas de la aberrante fuerza de los poderes financieros. Algunos, se diría que están empeñados sistemáticamente en que haya pobres y en que sean muchos ya que es la mejor manera para que haya ricos. Más de una vez repitió una de sus palabras preferidas: no hay que ser autorreferentes; en la Iglesia y en la vida hay que vivir con y para los demás. No tener miedo de denunciar… Nos invitó a la novedad; nos convidó a la audacia; a no seguir los pasos de algunos grupos “conservadores” ni a caer en un pelagianismo renovado. Aparecida no se ha puesto en práctica, nos recordó. No fue solo un documento; ha sido y es un envío en misión. Hay congregaciones muy pequeñas y que no tienen vocaciones y se aferran al dinero. Algo hay que hacer por ellas y con ellas. Transmitió ánimo. La suya es una presencia de anciano pero del que se olvida un poco que lo es y sí acierta transmitir sabiduría y audacia, las propias de quien se sabe con propuesta alternativa.
Este Plan Global y este encuentro con el Papa hay que situarlos en una historia larga y a ratos complicada y tormentosa. La historia de más de 50 años de la CLAR. Ahora los protagonistas han cambiado en el Continente y en Roma. Ciertamente hoy, los religiosos y las religiosas latinoamericanos que se sospechaba que estaban animados de un cierto sentimiento anti romano y “liberacionista” de no buena ley ahora queremos ser apoyo y compañía para la persona, las palabras, los gestos y el proyecto de reforma de la curia y de la Iglesia del Papa. Sabemos, por lo demás, que el plan que nos hemos dado es querido, impulsado y bendecido por el Papa. Así lo sentíamos al terminar nuestro encuentro con él. 
fonte: http://www.vidareligiosa.es/i

terça-feira, 23 de abril de 2013

Siempre es tiempo: tiempo de comenzar

Escrito por Gema Juan.

Siempre es tiempo, decía Teresa de Jesús.
Tiempo de abrir una página nueva, de aprender, de compartir. Siempre es tiempo de buscar, de recibir, de esperar. Tiempo de crear, de confiar, de elegir…
Me ofrecen hablar sobre temas de vida contemplativa y, mientras despedía a Jorge, un trabajador rumano que, con grandes dificultades, lucha por salir adelante, pensaba: ¿nuestros temas? ¿cuáles son nuestros temas...? pues las gentes y Jesús, o Dios y el mundo o la humanidad y el Espíritu. ¿Qué otra cosa puede interesarnos, causarnos alegría o preocupación?
Sabemos que Jesús se preocupó por Dios y por los demás. Que vivió desde el Dios de sus entrañas, transparentándolo. Hacer presente su inagotable bondad y amor a través de la fraternidad, la paz, la liberación, parece haber sido su pasión y lo que le llevó a la Pasión: su coherencia al practicar la misericordia hasta el límite. Parece que para Jesús siempre era tiempo, nunca era tarde ni a deshora. Para la misericordia siempre es tiempo, dice la vida de Jesús.
 vida religios
Avisó a sus discípulos de que iban a tener luchas en el mundo, pero les dejó también la clave para poder vivir: «sabed que yo estoy con vosotros». Teresa de Jesús avisaba a sus hermanas de que, ante las dificultades que a veces cercan la vida, no echaran a los tiempos la culpa, porque «para hacer mercedes Dios… siempre es tiempo». Para Él siempre es tiempo de estar con nosotros, alcanzándonos con su misericordia. Siempre, quizás el adverbio más divino: en todo, en cualquier tiempo.
Ojalá descubramos con Él que es nuestro tiempo. Tiempo de gratuidad, de dar gratis lo que gratis recibimos y de permanecer. Tiempo de romper con los sábados que siguen existiendo, de salir de «lo nuestro» para «hacer el bien, salvar una vida», como dice Jesús.
La mies es mucha… la crisis es grande. Es tiempo de que se muevan las entrañas y de que ayudemos a removerlas. Es tiempo de entender aquello de «quiero misericordia y no sacrificios», porque sin misericordia no se abre lo humano ni se intuye lo divino.
Con esto podemos echar a andar y hacerlo con confianza. Siempre es tiempo de comenzar, también lo dijo Teresa: «ahora comenzamos y procuren ir comenzando siempre de bien en mejor».
fonte:http://www.vidareligiosa.es


sábado, 10 de novembro de 2012

Vida Consagrada

Para onde o Espírito nos impulsiona?

Ninguém sabe com certeza. Aqui e ali surgem pistas que precisam ainda ser testadas e experimentadas. Certamente, a vida dos religiosos e religiosas está em profundíssima transformação. Dizemos que o Espírito aponta direções e horizontes. Não é fácil ver claro.  Há neblina. Há aquilo que sabemos e aquilo que virá como resposta às nossas súplicas  prementes.
1. Nós, religiosos, como todos os discípulos do Senhor, respondemos ao seu apelo, ao seu chamamento, à sua convocação para sermos seus íntimos colaboradores, para fazermos uma profunda experiência de entrega irrestrita a Deus e aos irmãos. Foi do Cristo ressuscitado que chegou até o fundo do coração o apelo para seu seguimento. Tentamos ler os sinais desse chamamento em nossa biografia pessoal. Temos a certeza da vocação. No meio de todas as tempestades temos plena consciência desse chamamento. A religiosa idosa que cuida do refeitório das irmãs, que limpa o corredor, que salmodia na capela, que aceita os achaques da velhice, que reza toda casta, toda pobre, toda obediente é uma bênção para a Igreja e o mundo. Na vida consagrada, o que conta são as pessoas e não, em primeiro lugar, obras e prédios.
2. Vivemos, de verdade, um tempo incômodo de perplexidade e  de insegurança. Por vezes, fazemos mesmo a experiência de uma pobreza total, de uma incapacidade de encontrar soluções para dar passos firmes na direção do amanhã.  Há momentos em que não conseguimos enxergar luminosidade no horizonte. Algumas de nossas congregações  estão para fechar as portas. Muitas delas têm um alto número de religiosas e religiosos acamados (às dezenas) e que precisam de atenções e cuidados dispendiosíssimos dia e noite. Esses doentes e idosos não podem apenas ser entregues a casas bem equipadas com aparelhos e enfermeiros. Eles são o grande patrimônio das Ordens e Congregações. Quem os sucederá?  Todos os que refletem sobre as transformações da vida consagrada pedem que não alimentemos uma tal angústia.
3. Estamos convencidos de que quem mostra o caminho é o Espírito. Ele quer que aceitemos entrar no seu movimento. Não se trata de fazer por fazer, mas sentir, de fato, para onde o Espírito sopra. “A recuperação da dimensão espiritual da Igreja consiste não somente em promover cursos de espiritualidade, mas levar a sério o papel criador do Espírito em cada um dos batizados. Quando pessoas mais críticas e criativas são ignoradas ou caladas na vida real da Igreja, comete-se um pecado contra o Espírito Santo. Se os cristãos quiserem dar resposta à sede de espiritualidade que o mundo tem teremos, antes de tudo, que escutar o Espírito que fala pelas pessoas” (Alberto de Mingo, C.SS.R, in Vida Nueva  2414).  Muitos rapazes e moças, homens e mulheres maduros com muito carisma, não são aproveitados nas metas que o Espírito sugere.
4. Não é possível imaginar qualquer renovação da vida cristã e consagrada sem que religiosos e cristãos façam constantemente profundas e repetidas experiências do Senhor. Não se trata de um mero recitar de salmos mais ou menos mecânica e rotineiramente, mas de habitar o  próprio interior, deixar-se impregnar do som da voz de Deus e acolhê-lo num coração modesto e humilde. Não há outra saída. Os consagrados precisam rever sua vida de intimidade com o Senhor. O ponto mais importante da vida de uma casa de consagrados é a vivência e a celebração comunitária da Eucaristia. Não se pode fazer economia desse aspecto. Todos os esquemas de redesenhamento supõem homens e mulheres profundamente de Deus.  Nossas paróquias ou santuários serão espaços de formação de leigos com profundíssima vida de oração.
5. Os  membros da vida consagrada vivem um tempo de extrema pobreza: poucas vocações, religiosos idosos e doentes,  tentativas nem sempre bem-sucedidas de redimensionar e redesenhar o Instituto. Pode ser que  nessa extrema pobreza os religiosos estejam abrindo caminhos novos: poucos religiosos, casas simples, vida fraterna e missionária, vontade de descobrir o novo.  Nada de desânimo:  “ ‘Levantai os olhos e olhai os campos já brancos, prontos para a colheita’ (Jo 4,35). Somos convidados a levantar nossos olhos, a ter o mesmo olhar de Jesus e ver o mundo bom que já tem seus frutos. ‘O essencial é invisível aos olhos’, diz a raposa ao Pequeno Príncipe.  A “contração” na vida consagrada – e  na Igreja – nos obriga a concentrar no essencial, cuidar de não cair vítima da urgência ou da síndrome de salvador ou viver num  mal-estar que não acaba. O tesouro precioso das Congregações neste momento, ao meu ver,  não são as obras mas as pessoas.  As pessoas, os consagrados haverão de estar no coração da vida, com as pessoas que encontram. Não se pode viver a vida consagrada à parte, com o próprio carisma e atividades próprias. Será fundamental estar no mundo, disposto a perder a ideia de desfraldar a bandeira do próprio carisma. Não ocupamos uma posição assimétrica com o mundo: vivemos da reciprocidade. É o estilo da encarnação, é a identidade de nossa vida”  (Rosina Barbari,  Un futuro aperto. Vita ‘consecrata’, santità, mondo, La Rivista del Clero Italiano  12/2011, p. 869).
6. Sempre de novo será preciso beber das águas límpidas dos fundadores. Para viver em comunidade, numa dinâmica de fundação, de refundação, é preciso aprender a caminhar juntos  assumindo o risco de um amor verdadeiro, onde cada um é acolhido pelo que é, não pelo que pode fazer ou se pode tirar dele, não pelo que ele quereria ser. No caminho comunitário, o povo do êxodo, é capaz de atravessar desertos de nossos tempos para se dirigir com fé e confiança à terra nova da promessa. Falando de comunidade não se pode esquecer da solidão e do silêncio. Longe de ser fuga ou isolamento, a solidão  faz com que cada um aceite ser diferente dos outros. “Na solidão perdemos a ilusão de ser tudo para os outros e ali se mede melhor quanto é necessário despojar-se da necessidade de consumir ou de ser consumido por eles. Caminho do desejo, do amor, a solidão é uma prova pela qual devem passar, em diferentes níveis, os amigos, os esposos e os que vivem em comunidades” ( cf. Une  manière de vivre. Les religieux aujourd’hui, Philippe Lécrivain, Lessius, Bruxelles, 2009, p. 168). Quando se fala em comunidade, não se pode esquecer o silêncio:  “Na vida comum, convém aprender a acolher o sempre estranho que é o outro e não reduzi-lo ao que já é conhecido. Para tanto, é preciso aprender a se calar e aceitar serem questionadas algumas certezas”.
7. Nossas casas serão simples, nosso vestir modesto, nosso coração aberto, nossa criatividade sem limites, nosso interior sempre sedento de verdadeiros encontros, nossa vida como uma vela acesa que se consome.  Transpiraremos serenidade e alegria  e não haveremos de destilar pessimismo.
8. Nossa missão no mundo?  Estar presente onde pudermos. Com modéstia, mas com transparência. Marie-Étienne Bély, em instigante texto publicado em Esprit et  Vie, oct. 2001,  disserta sobre o mundo a ser evangelizado. Diante da lógica  da engrenagem da força: “Todos sabemos, ao menos depois de Gandhi, que a prática da não-violência nas relações humanas supõe inteligência e imaginação, infinita paciência e respeito pelo outro. Este conjunto de  atitudes engendra  uma ética do olhar, por exemplo, não fechar os olhos diante das múltiplas  facetas do ser humano: horrores para serem denunciados, realçar o que há de bom, sem exagerar com sofreguidão tanto no positivo quanto no negativo;  uma ética da palavra (falar  do outro em sua ausência como se ele estivesse presente) o que faz secar a fonte da maledicência;  uma ética do ouvido (capacidade de tudo ouvir com discrição), em outras palavras, domínio sobre si mesmo que saiba integrar as forças vivas da pessoa do conjunto e nunca desesperar”.
9. Diante da lógica do  dinheiro  responder pela gratuidade e a contemplação:  “Num mundo  marcado pelo aleatório, o arbitrário, o vago, a multiplicidade de escolhas, a tarefa que cabe aos cristãos é a educação para o querer, orientar para finalidades que não sejam apenas de hoje, imediatas, aprender a vencer-se a si mesmo, sem competição nem rivalidade”. Uma vida que não se erga sobre oscilações das  bolsas”. Os franciscanos são homens e mulheres da desapropriação, do êxtase diante do Deus rico que nos cumula de bens, pessoas que aprendem assim a dar a vida pelos outros.
10. Dois grandes campos de atividade se desenham diante do horizonte dos franciscanos, religiosos ou leigos:  um sério e profundo trabalho de educação do ser  humano todo desconjuntado, desarrumado, perdido, asfixiado, dopado, tonto por tantos ruídos e um empenho seríssimo de  formação do cristão. Não se trata apenas de uma catequese meio up to date. Nossas casas serão centros de formação de cristã, de catequese em todos os níveis e em todos os sentidos.  Esse trabalho de educação à fé haverá de ser feito pela  família. Pelos corredores de nossos locais de atividade, de nossas paróquias haverão de circular casais e famílias.
11. Estar à escuta do mundo contemporâneo  significa detectar as grandes interrogações dos homem moderno. Qual o sentido da vida? Como viver profundamente o amor? Como ajudar as novas gerações a se aprumarem na vida? Como alimentar no fundo do coração a saudade de Deus? Como reagir a um mundo de aparência, de salve-se-quem-puder, de individualismo?  Os religiosos darão o testemunho de viverem na paz e na alegria em suas fraternidades. Alguém escreveu que a amizade fundada na verdade, a vida fraterna, constituem verdadeiros laboratórios de educação para a autonomia e para a liberdade pessoal.  As pessoas não podem continuar a existir despersonalizadas, como se fossem joguetes de uma sociedade imoral que não respeita seu mistério. Os religiosos e os cristãos serão profetas,  fermento e testemunhas para o serviço da palavra e para fazer com que as pessoas reencontrem o caminho do coração. Tudo com muita simplicidade, sem alarido, sem confusão, sempre numa postura de pobreza e de despojamento.
Afinal de contas, para onde o Espírito está nos impulsionando?
Fonte: www.franciscanos.org.br

segunda-feira, 27 de agosto de 2012

Nascemos porque fomos convidados


      O primeiro chamado que recebemos de Deus é o chamado à vida. Conforme o profeta Jeremias: “Antes de formar você no ventre de sua mãe, eu o conheci; antes que você fosse dado à luz, eu o consagrei, para fazer de você profeta das nações (cf. Jr 1,5s).”
Nosso existir é uma constante batalha: a todo instante somos desafiados a dar respostas. Vocação é, antes de tudo, um chamado. Pelo que vimos e experimentamos, em todos os momentos da vida estamos sendo chamados: desde o início de nossa existência até seu final; da vida à morte; da infância à eternidade. Não há como fugir da dimensão vocacional: ela está em nós como a beleza da rosa que não se pode desprender da sua forma material de flor. Somos, por natureza, vocacionados, ou seja, chamados, predestinados a alguma coisa.
No terceiro domingo do mês de agosto, a Igreja celebra o Dia do Religioso e da Religiosa, o dia da Vida Consagrada. Esta é um dom de Deus para a Igreja e para a Humanidade. Consagrado quer dizer escolhido por Deus para pertencê-Lo totalmente e para ser instrumento de sua particular presença de Amor no mundo. É uma vocação que se realiza por obra do Espírito Santo, no seguimento radical de Cristo casto, pobre e obediente.
A vida religiosa consagrada é um dom do Espírito Santo, sendo, no mundo atual, um sinal de profecia. São homens e mulheres que, livre e espontaneamente, decidiram consagrar-se a Deus para estar no mundo. E é através da sua consagração religiosa que realizam a missão de anunciar a Boa Nova de Jesus Cristo, vivendo em fraternidade dentro do carisma específico. Portanto, se falamos que Deus é Amor, então somente Ele basta em nossa vida.
Toda vocação é um chamado que vem de Deus e, ao dar a resposta, todo vocacionado torna-se impregnado de responsabilidade para com Deus, pois foi Ele quem o chamou e o consagrou: “Antes mesmo de te modelar no ventre materno, eu te conheci; antes que saísse do seio, eu te consagrei. Eu te constituí profeta para as nações (cf: Jr 1,4-5)”.
Somos conclamados a proclamar os altos feitos do Senhor, segundo São Pedro (cf: 1Pd 2,9). Desse modo, compreendemo-nos “co-herdeiros de Cristo” e, portanto, consagrados, participantes por excelência não apenas dos seus sofrimentos, mas também da sua glória (cf: Rm 8,16 -17). Tal consagração não é senão pela verdade, que é a Palavra de Deus.
O vocacionado consagra-se a Deus e Ele joga o consagrado no mundo: “Eles não pertencem ao mundo, como eu não pertenço ao mundo. Consagra-os com a verdade: a verdade é a tua palavra. Assim como tu me enviaste ao mundo, eu também os envio ao mundo. Em favor deles eu me consagro a fim de que também eles sejam consagrados com a verdade (cf: Jo 17,16 -18).” Estando no mundo sem ser do mundo, mas enviados a ele para, assim como Jesus, fazer brilhar a glória dos grandes feitos de Deus.
Há homens e mulheres na vida religiosa. Os homens podem ser clérigos ou irmãos. Assim, pode-se muito bem ser um consagrado sem ser um ministro ordenado. Há de se considerar que o ideal é voltar às origens, quando a vida religiosa nasceu leiga, tornando-se clérigo só em um segundo momento, no início da vida religiosa em que o profetismo tenha prevalência. E nisso, o religioso irmão e a religiosa podem ser profetas na Igreja hierarquizada.
O Concílio Vaticano II, no Decreto sobre a renovação da vida religiosa Perfectae caritatis, número 10, afirma: “A vida religiosa leiga, tanto masculina como feminina, constitui por si mesma um estado pleno de profissão dos conselhos evangélicos, confirmando tais religiosos em sua vocação e exortando-os a adaptarem as suas vidas às exigências atuais devido à importância maior que possuem para o ministério pastoral da Igreja.” Portanto, o Concílio reconhece a importância desta vocação no meio social e no mundo. A Lumen Gentium (43,44) segue o mesmo exemplo e defende: “pela constituição hierárquica da Igreja, esse estado de vida não é intermediário entre a condição dos clérigos e dos leigos e sim um dom peculiar na vida da Igreja e faz parte, indubitavelmente, de sua vida e de sua santidade”.
Como imitadores e seguidores de Cristo, exercem o sacerdócio comum pelo múnus apostólico adquirido no sacramento do Batismo e confirmado nos demais sacramentos que conferem a graça de serem sacerdotes, pastores e reis, fazendo parte do sacerdócio real de Cristo. São, portanto, habilitados a colaborar de perto com a Igreja particular, cooperando com o bispo diocesano no seu ministério pastoral, pois vivem a consagração “mais íntima”, radicados no Batismo e dedicados totalmente a Deus pela vivência dos conselhos evangélicos.
Podem, ainda, na vivência de tal consagração, “colaborar com a gestação de uma nova geração de cristãos discípulos e missionários de Jesus Cristo e de uma sociedade onde se respeite a justiça e a dignidade da pessoa humana, fazendo transparecer o rosto materno da Igreja”, de acordo com o pedido no Documento de Aparecida do Episcopado Latino Americano e do Caribe.
O religioso e a religiosa são chamados por Deus e reconhecidos pela Igreja. Portanto, é uma vocação especial plantada no coração do mundo. Vocação esta que precisa ser regada e cultivada com o carinho e o respeito devidos.
Que o Senhor conceda um coração bem aberto a seu Espírito, presente e atuante na história! Que suas propostas, Senhor, nos encontrem acordados e preparados para seguir seus caminhos, por mais desconcertantes que nos possam parecer. Seguir seus caminhos intermanete como frei, irmão consagrado.
Nossa vocação: responder aos chamados! Da vida à morte, do hoje ao amanhã... Somos animados e desafiados a responder, a dizer sim ou não às demandas das fases de nossa existência.
frei mauro alves da rosa, ofmcap.