quinta-feira, 14 de agosto de 2014

«La oportunidad para la mujer al borde de la calle»

María José Alos y Consuelo Rojo son dos religiosas adoratrices. Son mujeres de juventud madura que quieren vivir al pulso del momento presente. Después de varios destinos, ahora están dando lo mejor de sí en Valencia y Burgos, respectivamente. Manifiestan realismo, pero con más fuerza, esperanza. Siguen, como toda su congregación, al lado de la mujer excluida, marginada o explotada. En las situaciones de máxima debilidad, han descubierto la bienaventuranza que les da vida. Porque –como afirman– es posible un mundo distinto.
¿Qué misión estáis realizando ahora en vuestras comunidades?
María José Alos: Vivimos en una casa pequeña destinada a la acogida de “mujeres víctimas de trata” con fines de explotación sexual. El proyecto acaba de sufrir un cambio. El motivo surge por querer dar respuesta a una necesidad que se nos planteaba en Valencia –pues no existen casas de acogida para “mujeres víctimas de trata” en toda la Comunidad Valenciana–, así que nos arriesgamos para atender las necesidades de estas mujeres.
Aquí llevo la administración del proyecto y de la comunidad.
Por otro lado, partiendo de que la identificación de las mujeres, “víctimas de trata” con fines de explotación sexual, la realiza la policía, nosotras estamos luchando para poder acompañar a las mujeres en este trance. No tienen confianza en las fuerzas y cuerpos de seguridad; digamos que lo que conocen en sus países de origen, y en su tránsito por España, no es muy positivo o agradable. De ahí que no suelan hablar y se mantengan en silencio.
Nuestro deseo es poder realizar nosotras esa identificación, ya que ser mujeres nos acerca un poco más a ellas, y el hecho de conversar y compartir, nos abre las puertas para profundizar en su sitación y poder acompañarlas en esos momentos tan duros por los que están pasando: momentos de confusión, de miedo, de incertidumbre... Por ello, nos planteamos salir a la calle para encontrarnos con ellas. No podemos esperar, solamente, a las “redadas” de la policía.
Cuando una mujer es identificada como “víctima de trata” se le ofrece nuestra casa, a la que ellas acceden libremente.
La Ley de Extranjería, en su art. 59 bis, ofrece a la mujer un tiempo de reflexión para que decida qué quiere hacer: poner una denuncia, regresar a su país… Ese período es de 30 días para decidir su futuro, para tomar la decisión de quedarse o marcharse. Comprendemos que es muy poco tiempo para que estas mujeres puedan recuperarse tanto física como emocionalmente. Por eso les ofrecemos nuestra casa, un espacio donde sentirse lo más cómodas posible, donde se puedan sentir seguras y a salvo, y puedan, sobre todo, recuperarse.
Consuelo Rojo: Nuestra casa es una comunidad que se amplía cada vez que llega alguien nuevo.
Las Adoratrices hablamos de ofrecer casas de puertas abiertas. Por eso abrimos nuestras puertas a cada mujer que desea descansar o lanzarse a la aventura de lo nuevo. Las puertas permanecen abiertas para que la vida siga siendo eso, vida. Nuestra misión principal es creer en cada mujer, y en ser testigos de que la vida de Jesús puede resucitar en cada una de ellas.
¿Qué fue lo que más os atrajo de las Adoratrices? ¿Cómo supisteis que este era vuestro sitio?
M.J.A: Es curioso pues yo no conocía a las Adoratrices, ni siquiera sabía que existían. Estudié en un colegio religioso -Franciscanas de la Inmaculada-, pero nunca me planteé ser religiosa. Recuerdo que cuando inicié mi proceso vocacional, ya dirigido hacia la vida consagrada, me encontré como quien busca una aguja en un pajar. Lo único que tenía claro es que buscaba un lugar donde poder ayudar a la mujer, donde mi experiencia de vida me permitiera acompañar. Así que, con mi acompañante iniciamos esta búsqueda y, al conocer a las Adoratrices, supe que ese era mi lugar. En ellas vi algo que me cautivó: la acogida, la familiaridad. Me sentía bien, en paz, me sentía invitada a volver con ellas; a querer conocerlas un poco más.
La combinación de la misión que tenían -acogida a la mujer con problemas de adicción- y aquello que las empujaba a realizar su misión -la Eucaristía- me pareció perfecta.
C.R: A mí, desde el principio, lo que más me atrajo fue el encontrarme con mujeres felices, que vivían su consagración desde el servicio a la mujer explotada. Mujeres que hacen camino con mujeres que desean recuperar su vida; mujeres que han aprendido a vivir desde la verdad, haciendo de cada día un intento de encuentro y sanación.
¿Cómo es vuestra experiencia de vida comunitaria? ¿Qué significa para vosotras “compartir”?
M.J.A: Quiero decir que, según mi experiencia, la vida comunitaria en las etapas de formación se cuida mucho, pero cuando ya estás “inserta en el mundo” -por decirlo de alguna forma- la cosa cambia.
Nuestra vida comunitaria, por ejemplo, es compartida con las mujeres que acogemos, es decir, vivimos todas juntas, como en una familia. Intentamos cuidar los espacios en los que solo estamos las religiosas de la comunidad (que no siempre se consigue). Para mí, compartirlo todo significa vivir las 24 horas con mis hermanas y con las mujeres acogidas. Tenemos espacios comunes: cocina, sala de televisión, capilla… pero lo mejor es compartir la mesa y, en ella, nuestro día, el de las mujeres, el de la propia comunidad. Eso no quiere decir que no tengamos dificultades; las tenemos. A veces, hasta salen chispitas… eso es compartirlo todo.
C.R: Aunque llevo menos años en la vida religiosa, he tenido diferentes experiencias de vida comunitaria. Desde las que no llenan el corazón y no dan vida, hasta las de verdadero encuentro. He tenido la suerte de vivir la comunidad como un don, donde la vida es regalada, donde cada día se nos invita a descubrir la Presencia de quien nos convoca. Esta es la comunidad donde he sido capaz de caminar y hacer caminar, donde he descubierto el verdadero rostro de Dios en mis hermanas.
¿Os afecta el envejecimiento de la vida religiosa? ¿Creéis que hay capacidad para la renovación?
M.J.A: La verdad es que soy consciente de que mi congregación tiene una edad media considerable; pero también he de decir que me considero afortunada ya que en mi comunidad hay hermanas de casi todas las edades.
El envejecimiento afecta si no lo vives como gracia. La sociedad avanza muy de- prisa y también los jóvenes. Nuestras formas son distintas y también lo son nuestras visiones, pero no nos equivoquemos: una hermana mayor puede ser más joven que las jóvenes.
¿Renovación? La renovación vendrá cuando dejemos actuar al Espíritu Santo en nosotras. No se trata de edades, sino de mentalidades y de aceptación de cada una de nuestras etapas.
C.R: Por supuesto que afecta el envejecimiento de la vida religiosa. A veces se puede hacer difícil vivir con muchas hermanas mayores. Pero es igualmente cierto que son ellas las que nos mantienen y sostienen, nos hacen vivo el carisma, nos recuerdan qué es lo que estamos llamadas a vivir…
El que seamos pocas jóvenes, hoy por hoy, a mí no me asusta. Lo que me da miedo es mirar la gran cantidad de edificios, totalmente equipados…. llenos de personas que comparten nuestro trabajo, pero no nuestro carisma y misión. Hablamos mucho de misión compartida pero, ¿misión compartida es compartir solo el trabajo, las responsabilidades… y olvidarnos del Espíritu que anima la misión adoración-liberación? ¿Podemos olvidarnos de la espiritualidad de quien nos convocó y congregó?
Desde vuestro punto de vista ¿se están tomando decisiones acertadas para conectar la vida religiosa con la realidad?
M.J.A: La misión que nosotras desarrollamos nos hace estar bastante conectadas con la realidad. Es verdad que nos preocupa todo lo que ocurre en el mundo y sobre todo a nuestro lado. Es muy importante estar allí donde se nos necesita. Si no estuviéramos conectadas a la misión no tendría sentido nuestro estar junto a la mujer que grita; no sería real… y, pienso, que nuestro ser y estar, es muy real para ellas y para el entorno en el que se mueven.
C.A: Constato que se están haciendo intentos y, algunos bastantes acertados, pero creo firmemente que tenemos que ser más valientes y tomar decisiones más arriesgadas; como por ejemplo dialogar con todas las generaciones, llegar a consensos, ser capaces de hacer relevos generacionales y confiar más en el Espíritu. Él nunca ha dejado de ser y estar con nuevas formas y nuevas maneras...
La opción por las personas que la sociedad excluye configura vuestra vida, ¿por qué?
M.J.A: Mi vida la configura mi seguimiento de Jesús en una misión muy concreta: la mujer que es víctima de cualquier situación de esclavitud, especialmente la mujer víctima de “prostitución y trata”. Jesús también estuvo junto a los excluidos de la sociedad, junto a aquellos que no contaban y eran invisibles a los ojos de todos. Nosotras le seguimos al estilo de Micaela y aceptando el don regalado, nuestro carisma de adorar y liberar.
Como mujer me cuesta mucho aceptar todo aquello que atenta contra nuestra dignidad. Las vidas rotas de tantas mujeres claman continuamente y sus vidas reconstruidas son aliento y libertad. “Solo por una vale la pena tanto esfuerzo” decía nuestra santa.
C.R: A mí, me gusta vivirme y saberme diciéndome: “soy una mujer consagrada al servicio de mujeres explotadas”. Las mujeres somos las olvidadas de la historia, las que no contamos, las que no somos nombradas… Esto se agudiza todavía mucho más si son mujeres en contextos de prostitución. Ellas son las últimas y las grandes olvidadas; son aquellas que usamos y tiramos, el símbolo de nuestra sociedad actual, la sombra de la sociedad que nadie quiere ver, la esquizofrenia de nuestro mundo… pero las preferidas del Padre: “Las prostitutas os precederán en el Reino de los cielos” (Mt 21, 31).
No por ser prostitutas, Jesús les da su Reino, sino porque siendo prostitutas son capaces de olvidarse de ellas mismas, de todo el mal que les rodea y acoger la Buena Nueva; se ponen a los pies de Jesús creen y colaboran con Él.
Para que la vida religiosa recupere su efecto llamada en personas jóvenes tendría que...
M. J.A: Tener comunidades vivas. Algunas de nosotras nos manifestamos cansadas. El cansancio no atrae, la vida y la alegría sí. Tendríamos que salir a la calle, estar donde están los jóvenes, porque sé que ellos no van a venir a donde estamos nosotros. Necesitamos mezclarnos en su ambiente, vivir lo que viven…
Con ello no quiero decir que tengamos que hacer como ellos sino estar con ellos, que es muy distinto. La vida religiosa tendría que morir a ciertas estructuras y dar paso a otras nuevas… tendríamos que romper o desajustar algunos horarios, abrir nuestras puertas para poder compartir.
C.R: Tendríamos que vivir en constante escucha de la Palabra, lo que supone ser más audaz y coherente. Estamos llamadas a donde las personas están, en todos los lugares, en todos los rincones adonde el aliento de Dios llega. No hay fronteras para Dios. Las mujeres nos llaman y reclaman, necesitan aprender a amar gratuitamente.
Nosotras necesitamos ser valientes para romper con estructuras que nos atan, vivir realmente la pobreza, abrir nuestras casas, ceder nuestros espacios, siendo y estando disponibles.
¿Puede una persona joven compartirlo todo con personas de otras edades?
M. J.A: ¿Puede una persona joven compartir con su madre, padre, hermanos, abuelos, tíos y primos? No somos un apéndice de nada, somos igual que otras personas. Es verdad que mi comunidad no es mi familia biológica, pero son con quienes comparto mi vida, cada día. Ese “todo” es relativo, porque tampoco con mi familia biológica lo compartía “todo”, tampoco con todos mis amigos lo compartía todo. Con cada persona tengo una relación distinta. Vamos creando vínculos, poco a poco, y en ese ir creando vínculos es cuando vamos creciendo juntas, cada una es distinta, por eso la esencia de la comunidad es la diversidad.
C.R: Cuando se tiene la capacidad de llegar a lo profundo de cada persona, a lo profundo de cada hermana, de cada mujer, te ayuda a encontrarte contigo misma: los mismos anhelos, los mismos sueños, los mismos desafíos… Cada una en su etapa, en su momento, en sus circunstancias… Pero en lo profundo del ser: Dios.
Qué opinión os merece la interculturalidad, ¿qué experiencia tenéis?
M.J.A: A nosotras la interculturalidad nos viene dada, sin pensarlo. La vivimos sin, apenas, proponérnoslo a causa de la acogida que tenemos en nuestras casas. Yo he llegado a convivir con mujeres de seis nacionalidades distintas. Esto significa ceder espacios, aceptar cambios… es complicado, no es sencillo.
Aparte del reto que esto puede suponer, también nos encontramos con verdaderas fronteras culturales difíciles de entender. Esto referido a nacionalidades, pero la interculturalidad también la tenemos dentro de España con las diferentes comunidades que culturalmente son tan distintas. Integrar todo es un trabajo laborioso donde todas ganamos y ninguna pierde.
C.R: En mi casa, en ocasiones, vivimos con mujeres de otras nacionalidades, culturas o religiones… y, aunque es cierto que hacemos intentos por acercarnos, eso de perder lo tuyo para aceptar lo positivo, lo de otro no siempre es fácil. Pero, desde luego “con” y “por” las mujeres se consigue.
Por otro lado, si en una comunidad son todas ellas españolas... puede suponer un problema… solo basta ver las caras ante comidas cocinadas de otra manera, las mismas palabras con otros significados, tantas costumbres y tan diferentes….
Para concluir: ¿qué significa para vosotras ser religiosas en un cambio de época?
M.J.A: Es dar testimonio, un compromiso y una coherencia de vida hasta el extremo. Ante la incomprensión de mis conocidos yo sonrío.
En estos momentos significa que tengo que arriesgar, que no me puedo quedar estancada en el sistema. Dicen que estamos en un cambio, pues yo también debo cambiar con el mundo. Debemos estar preparadas para cualquier acontecimiento, con los ojos abiertos a las nuevas necesidades que las mujeres nos van a ir presentando (y que ya están aquí). No podemos pararnos, pues el mundo no se para y nosotras estamos en el mundo.
C.R: Ser religiosa adoratriz para mí es mostrar el rostro de Dios Padre Misericordia y Dios Madre de Ternura; ser el Rostro de Dios Hijo que clama en la mujer en prostitución y Dios Espíritu que siempre está buscando nuevos cauces de liberación.
fonte: http://www.vidareligiosa.es/index.php?option=com_content&view=article&id=788:mirada-con-lupa&catid=8:entrevistas&Itemid=12

segunda-feira, 7 de abril de 2014

El centro de la vida religiosa

Escrito por Luis A. Gonzalo Díez. 
Fonte: http://www.vidareligiosa.es
La vida con centro
Hay un religioso de edad que se toma muy en serio colaborar con nuestra revista. Tiene la jornada bien ocupada. Dedica buenas horas a echar una mano en la misión con sus hermanos más jóvenes y además encuentra tiempo para orar por la misión y el mundo que, como bien dice, “tanto ama Dios”. Tiene este hermano una vida serena, equilibrada y feliz. Está ocupado en las necesidades de los demás porque sufre cuando percibe privaciones, carencias e injusticias… y en este tiempo son muchas. Sabe ponerle nombre a la crisis, porque sus amigos preferidos son pobres… esa es su fuerza. Tuvo en sus tiempos jóvenes muchas y variadas responsabilidades en la comunidad y en la congregación. No los echa de menos, porque hoy sigue teniendo la vida llena, plena. Ha entendido que la vida no son los cargos, sino ser fiel al encargo de Dios… y ese no desaparece al cumplir años.
Conocimiento de la realidad: visión esperanzada del presente
Hoy me ha escrito. Como siempre ofreciendo visión serena. Me aporta una buena relectura de todo lo que se escribe sobre la vida religiosa, que no es poco. Conoce bien nuestra vieja Europa, pero también América Latina y un poco menos Asia y África, pero poco menos. Es un religioso formado, como tantos, y es capaz de comprender que lo que pasa aquí es fiel reflejo de lo que acurre allá y, a la vez, es muy diferente. Es un exponente de esa lectura posmoderna de la realidad, con el poso de haber trabajado la Suma Teológica y la historia de la filosofía de Nicola Abbagnano. Nunca he percibido en sus palabras y actitudes una mínima sombra de nostalgia. Es inteligente y sabe que ni nuestro decrecimiento actual, ni el sorprendente crecimiento de hace unos años, del que depende el momento presente, son cifras serenas. Son datos afectados por realidades sociológicas que todavía no hemos sabido integrar, ni interpretar convenientemente.
Siempre tiene algún relato positivo sobre alguno de los religiosos más jóvenes. Admira cómo trabajan, con la solvencia con que responden y, sobre todo, con la sinceridad con que refieren las cosas de Dios en la propia vida. Vamos que a mi colaborador anónimo de vida religiosa, le sorprende la sinceridad que edades más jóvenes tienen a la hora de hablar de sus logros y debilidades; de sus penas y fracasos… Dice él, con cierta gracia, “¡y yo que me formé pensando que lo bueno era callarlo, silenciarlo… para endurecerme y así ser más fuerte y mejor misionero!”. Sí, ante todo, mi amigo está contento con la edad que tiene, con lo que vivió y, me atrevería a decir, con lo que le queda por vivir… mucho o poco. Y eso se nota.
Acompañamiento de la vida religiosa en esta era
Cuando me hice cargo de la revista me dijo sólo tres cosas, y hoy me parecen especialmente útiles.
La primera que sopesase bien qué publicaba. Decía él, «piensa que asumes esta responsabilidad en un momento en el que la vida religiosa está viviendo un cambio de ubicación. Por eso procura siempre alguien que suavice la tensión, aligere la carga y proporcione esperanza. No te estoy sugiriendo que mientas, eso nunca, pero procura incidir más en las posibilidades que en las debilidades». Me reiteró aquello de los profetas de esperanza frente a los agoreros de calamidades del Papa Juan. Y me lo ilustraba con una larga lista de ejemplos de una cierta tentación maniquea que nos ha acompañado a la Iglesia desde tiempos inveterados.
La segunda, que nunca escribiese sin tener presente que lo leería alguien que piensa, siente y necesita. Que no hay textos asépticos, válidos para cualquier tiempo y circunstancia, sino que deben contener vida que se da y recibe, deben ser textos en relación, porque ésta en su expresión más clara Dios/persona, es el fundamento de la teología. Sus palabras resuenan siempre en mí, sobre todo cuando, en determinadas circunstancias te preguntas qué es lo que procede, cuál es la visión de la publicación o si es oportuno terciar en determinadas polémicas con la palabra o el silencio.
Me dijo una tercera cosa. Sencilla, muy concreta, la expresó más o menos así: “procura no caer en los ismos”. Me sonreí entonces, pero me doy cuenta hoy que es muy sensato. Los «ismos», sean del signo más o menos; sean de apertura o cierre; sean de alabanza o juicio, están siempre equivocados, porque generalizan, cosifican, no describen y, además, engañan. La vida religiosa no puede caer en el pragmatismo, pero debe tener presencias pragmáticas y regirse, en buena medida, por ellas. No puede abogar por el conservadurismo, pero tiene que tener originalidad para cuidar lo que ha sido válido siempre. La vida religiosa no es el adalid frente al hedonismo, porque una estética del culto y la relación es muy propia de la consagración… Y si ya son ismos de mirada desde la ventana, son más peligrosos: “cómo cambiar el corazón de esta sociedad regida por el hedonismo, pansexualismo, efectismo, individualismo, posibilismo…se preguntaba un religioso, no precisamente caracterizado por su capacidad para la comunión y la gratuidad”. Dice mi viejo amigo que, quien así habla, no tiene carisma para cambiar nada, tampoco a sí mismo. 
 Nuestra razón de ser
Ofrecer lo que creemos
Mi amigo, que tiene varios lustros más que yo, me indicó, sin pretender enseñar, que un rasgo esencial de la vida religiosa es la inculturación. El vivir al ritmo de la época. Que la inducción hacia la trascendencia en cada contexto sólo se da cuando hay personas que la hacen posible y creen en ella. Hace unos meses aludiendo al Año de la fe, decía sencillamente: “lo que hace falta es personas que, en verdad, crean”, lo hacía comentando determinadas terapias-espectáculo con las que pretendemos comunicar qué significa creer a base de fuerza y número. Él, formado en la escolástica, resulta que es un ejemplo claro de que la evangelización crece en el diálogo y la aceptación del lugar donde está la persona. Así, no vive la pluralidad como peligro, ni la interculturalidad como contaminación. Así, reitera que la vida religiosa es la palabra ágil de la Iglesia para este tiempo, porque curiosamente, es la única forma de vida que puede rehacerse desde lo que Dios está sugiriendo para hacerse comprensible para esta época.
Comprender lo que vivimos
La mayor parte de las cosas que se escriben sobre la vida religiosa le resultan útiles. También en esto es rara avis porque no tiene otro tipo de pretensión respecto a la verdad, sólo admirarla. Él es de los que da ejemplo en el siempre aprender. No tiene tanto prejuicio como para situar autores en el índice de lo prohibido. Una mañana que pasó a saludarme, me comentó: “te das cuenta de la riqueza que supone la información”. Y me relató varios acontecimientos ocurridos a miles de kilómetros que supondrían un cambio muy significativo en la humanidad. Aquel día habían confluido una manifestación en Buenos Aires, un encierro en Sudáfrica, la construcción de un gigantesco puente en Australia y un acto académico en Paris… Conocerlo todo y quedarse con lo bueno, «es una oportunidad para quien, enamorado del evangelio, lea la vida y la historia, como historia de Salvación», suele repetir. No le gustan determinados editoriales de los periódicos porque sostiene que la ideología es enemiga de la verdad. Por eso su editorial diario lo hace de distintas publicaciones. Es un ejercicio sencillo, casi matemático suele ejemplificar, «si quitas todo lo que va contra, sueles encontrar todo lo que, de verdad es». También sobre este asunto de las ideologías tiene sus enseñanzas, en lo que se refiere a la Iglesia. Este tiempo necesita personas con horizontes amplios en los cuales sólo se busque a un Dios que se ha empeñado en hacer camino con la humanidad. Filosóficamente es un tiempo muy rico, dice mi anciano amigo, -el quiere que lo llame viejo-, porque es más real y que, «como los polos opuestos se atraen, está encantado con este tiempo porque es nuevo y se encuentra a gusto en él». En esto también rompe el molde, al menos a mí me lo parece, cuando sin forzar el discurso es capaz de encontrar aspectos muy positivos en el tono y el fondo de la juventud. Por ejemplo, dice él, que le gusta encontrar y ver a los jóvenes en sus ámbitos y no tanto en los que nosotros les proporcionamos. En estos últimos, afirma, hacen y dicen lo que a nosotros nos gusta oír, no tanto lo que, de verdad, circula por sus venas y, claro, así nunca llegamos a tener noticia real de cómo es en realidad la juventud. Por eso aplaude cuando ve presencias arriesgadas de la vida religiosa en espacios conquistados por los jóvenes… Dice, con gracia, que la cuestión no es adoctrinar, sino entender. Y hoy, desgraciadamente, estamos confundiendo la pastoral de juventud con adoctrinamiento, aunque no se entienda nada.

sexta-feira, 7 de março de 2014

Grande en lo pequeño

Escrito por José Moreno. 
fonte: http://www.vidareligiosa.es

“Dios o el dinero…”

Hoy he tenido que ir a bancos y manejar cuestiones de dinero. En la fila, frente a la ventanilla, me precedía un padre joven –vestido muy sencillo- que durante todo el tiempo ha tenido a su pequeño hijo en cabrito, sobre sus hombros; el niño se sentía sin duda el más grande y seguro de todos los que estábamos allí. En ese momento me surgía una oración sencilla: “Padre, te revelas para mí en cada detalle…hoy en la fila ante la ventanilla del banco, te haces grande en el más pequeño y padre en el más sencillo. Y yo me siento más seducido por ti que por el dinero”. Recordaba el evangelio del próximo Domingo y lo unía al tema del decrecimiento con el que estamos trabajando con los universitarios, y del que da cuenta un monográfico de “Imágenes de la Fe” (PPC) que se publicó en Diciembre pasado.
“Decrecer para crecer” es un lema alternativo que para los cristianos hunde sus raíces en la estructura fundante de la construcción del Reino de Jesús de Nazaret. Las claves cristológicas de encarnación, pasión y resurrección son pilares de un modo de entender la existencia que nos invita a revisar la cultura que ha fomentado un bienestar cuestionando el bien ser, y a presentar alternativas que no van por la producción sin más, ni por el tener por tener, sino más bien por recuperar fuentes de vida que se asientan en la centralidad de lo humano y en la riqueza de la interioridad que sabe “tener menos para vivir y ser más”, creyendo que hay una pobreza liberadora que enriquece, la que pone a Dios y su amor por encima del dinero y la riqueza. La situación actual de nuestras sociedades en crisis está siendo un aldabonazo en la conciencia personal y colectiva para recuperar lo más genuino de lo humano y de la utopía de la fraternidad. Hoy se nos está pidiendo “saber perder para ganar, arriesgar para vivir, darse para ser, empobrecernos para enriquecernos”. Las personas tocadas por el Reino tienen labor seria por la demanda de lo que llevan como tesoro en vasijas de barro. No podemos permanecer dormidos cuando la necesidad de Reino es tan acuciante: “Venga a nosotros tu Reino”.
Estamos llamados a una pastoral que vibre con las inquietudes y necesidades que el mundo se está planteando –como está pidiendo el Papa Francisco-, y que las personas y colectivos más concienciados están ofreciendo como caminos alternativos y fecundos. Se trata de sumarse en la perspectiva paulina de la propiciación de los sentimientos de Cristo como fuente de vida para el mundo actual y colaborar en “el lío de la misericordia activa” que el Papa está proponiendo continuamente, con la clave cristológica: “Cristo, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9). Este es el lema que nos propone para esta cuaresma que comenzamos; no hay duda que la alternativa “Dios o el dinero” es de gran actualidad. El evangelio, como camino de alegría y felicidad, nos propone la generosidad –elegir a Dios- frente a la seguridad engañosa del dinero.
El evangelio, en la alternativa “Dios o el dinero”, nos propone vencer la tentación de la posesión como elemento de seguridad; esta opción es condición básica para poder vivir lo comunitario y ser comprometidos. Para Jesús estaba claro cuando proclamaba que no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. La seguridad del dinero, la seguridad del trabajo, de las notas y el currículum (“Di que estas piedras se conviertan en pan”- Mt 4,3), pueden matar la auténtica vocación y grandeza de una persona, y llevarse así lo mejor de sus sueños, en especial la dimensión comunitaria, fraterna y la capacidad de compromiso; por eso Jesús invita a atesorar tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la carcoma los corroen…no nos vaya a pasar como aquél de la parábola que se pasó toda la vida almacenando y cuando creía que ya tenía lo suficiente, aquella misma noche se tuvo que ir para siempre, y no pudo llevarse nada porque todo lo que tenía era externo, donde la polilla y la carcoma sí corroen. El que es así se empobrece, pierde toda la vida que hay a su alrededor e incluso llega a ver a sus vecinos y hermanos como competidores…hay hermanos que no se hablan (están muertos) por algo de dinero de una pequeña herencia.
La generosidad, como clave de vida, enriquece y lleva a la plenitud del gozo a los que la adoptan y vertebran su existencia con ella. Hay un modo de ser, estudiar, trabajar…según Dios y aquí está la clave fundamental, la gratuidad que genera el verdadero amor: “Ha echado lo que tenía para vivir” (Mc 12,44).

segunda-feira, 3 de fevereiro de 2014

As pessoas consagradas são sinal de Deus nos diversos ambientes da vida




As palavras do Papa Francisco pronunciadas antes da oração mariana do Angelus

Cidade do Vaticano,

 Fonte: Zenit.org

  Queridos irmãos e irmãs, bom dia,

Hoje celebramos a festa da Apresentação de Jesus no templo. Nesta data, ocorre também o Dia da Vida Consagrada, que sublinha a importância para a Igreja de quantos acolheram a vocação a seguir Jesus de perto no caminho dos conselhos evangélicos. O Evangelho do dia conta que, quarenta dias depois do nascimento de Jesus, Maria e José levaram o Menino ao templo para oferecê-lo e consagrá-lo a Deus, como prescrito pela lei judaica.  Este episódio evangélico constitui também um ícone da doação da própria vida por parte daqueles que, por um dom de Deus, assumem os traços típicos de Jesus casto, pobre e obediente.
Esta oferta de si mesmo a Deus diz respeito a cada cristão, porque todos somos consagrados a Ele mediante o Batismo. Todos somos chamados a oferecer-nos ao pai com Jesus e como Jesus, fazendo da nossa vida um dom generoso, na família, no trabalho, no serviço à Igreja, nas obras de misericórdia. Todavia, tal consagração é vivida de modo particular pelos religiosos, pelos monges, pelos leigos consagrados, que com a profissão dos votos pertencem a Deus de modo pleno e exclusivo. Esta pertença ao Senhor permite a quantos a vivem de modo autêntico oferecer um testemunho especial ao Evangelho do Reino de Deus. Totalmente consagrados a Deus, são totalmente entregues aos irmãos, para levar a luz de Cristo lá onde mais densas são as escuridões e para difundir a sua esperança nos corações desanimados.
As pessoas consagradas são sinal de Deus nos diversos ambientes da vida, são fermento para o crescimento de uma sociedade mais justa e fraterna, são profecia de partilha com os pequenos e os pobres. Assim entendida e vivida, a vida consagrada nos parece propriamente como ela realmente é: é um dom de Deus, um dom de Deus à Igreja, um dom de Deus ao seu Povo! Cada pessoa consagrada é um dom para o Povo de Deus em caminho. Há tanta necessidade destas presenças, que reforçam e renovam o empenho da difusão do Evangelho, da educação cristã, da caridade para com os mais necessitados, da oração contemplativa; o empenho na formação humana, na formação espiritual dos jovens, das famílias; o empenho pela justiça e a paz na família humana. Mas pensemos um pouco o que seria se não fossem as irmãs nos hospitais, as irmãs nas missões, as irmãs nas escolas. Mas pensem em uma Igreja sem as irmãs! Não se pode pensar: estes são esse dom, esse fermento que leva adiante o Povo de Deus. São grandes estas mulheres que consagram a sua vida a Deus, que levam adiante a mensagem de Jesus.
A Igreja e o mundo precisam deste testemunho de amor e da misericórdia de Deus. Os consagrados, os religiosos, as religiosas são o testemunho de que Deus é bom e misericordioso. Por isso é necessário valorizar com gratidão as experiências de vida consagrada e aprofundar o conhecimento dos diversos carismas e espiritualidade. É preciso rezar para que tantos jovens respondam “sim” ao Senhor que os chama a consagrar-se totalmente a Ele para um serviço desinteressado aos irmãos; consagrar a vida para servir Deus e os irmãos.
Por todos esses motivos, como já foi anunciado, o próximo ano será dedicado de modo especial à vida consagrada. Confiemos desde já esta iniciativa à intercessão da Virgem Maria e de São José que, como pais de Jesus, foram os primeiros a serem consagrados por Ele e a consagrar as suas vidas a Ele.
(Trad.Cançao Nova)
(02 de Fevereiro de 2014) © Innovative Media Inc.