sexta-feira, 25 de outubro de 2013

La vida de los religiosos clama en América Latina

Escrito por José María Arnaiz.

En la Asamblea General de la CLAR del mes de junio del 2012 en Quito se elaboró el Horizonte inspirador de la Vida consagrada en América Latina y el Caribe. De él nació el Plan Global inspirado en el icono de Betania y aprobado en la Junta General que se tuvo en México en marzo de este año y que lleva por título: “Escuchemos a Dios donde la vida clama”. En él hemos querido situar la vida consagrada en los nuevos escenarios y unir nuestra voz a la de los sujetos emergentes y parte de la sinfonía que se originó es la que presentamos en este artículo. Tuvimos la impresión de que el que dirigía la orquesta era el Espíritu Santo, que estaba presente y sugería, proponía y a ratos forzaba la máquina para que hubiera compromiso y propuesta nueva.
La letra y la música de esta canción fueron presentadas, también, en el Vaticano y al Papa Francisco. Las escuchó con atención. La visita y el mensaje que nos dejó se han convertido para nosotros en gracia y compromiso. Podemos decir que nuestro clamor es su clamor ya que él es de todos en la Iglesia y la vida consagrada, pero de nosotros procede.
Hilo conductor del plan global
En él hay palabras claves que amalgaman el corto texto: vida, consagrada, nueva. En los religiosos y religiosas del Continente y del Caribe se sufre y se goza; se vive un momento fuerte. Los consagrados claman. Hay que estar atentos y escuchar su voz que va unida a la de los emigrantes, jóvenes, indígenas, afroamericanos, mujeres, encarcelados y excluidos. El clamor de los religiosos es por una nueva forma de vida religiosa. El icono bíblico de Betania ha inspirado el plan. Tiene cuatro protagonistas: Jesús, Marta, María y Lázaro. Si uno les contempla sitúan la vida consagrada en tres situaciones que en el momento actual son reales: la vida consagrada enferma, dormida o muerta. Pero la más real nos la ofrece la escena central y las palabras de Jesús: en ella se resucita, se pasa de la muerte a la vida y se escucha decir a Jesús: Yo soy la resurrección y la vida. La Asamblea quiso ver en Betania una casa de encuentro, una comunidad de amor y corazón de humanidad. Nos desafía a todos a juntar bien estas seis palabras: casa, comunidad, corazón, encuentro, amor y humanidad. Entrelazarlas adecuadamente da como resultado una nueva forma de vida consagrada.

El clamor que sale de los religiosos es el de esta nueva forma de vida consagrada. En la edición del texto final publicado por la CLAR y PPC se encuentran expresiones de este clamor de vida religiosa nueva en las páginas 3, 6, 7, 8, 9, 10, 13, 15, 16, 17, 18, 19, 20 y 23. Es decir, atraviesa todo el documento y bien podemos decir que es su hilo conductor. Se nos pide que se escuche este clamor porque suena a evangelio puro; así la vida consagrada entrará en el dinamismo de la vida resucitada; este grito será auténtico si nace en los nuevos escenarios y lleva la fuerza y pasión de los sujetos emergentes del Continente. La vida consagrada es sujeto emergente y está en un nuevo escenario. Sólo así desaparecerá la impresión repetida en algunas comunidades y personas consagradas de que en esta forma de vida cristiana ha cambiado mucho para que en realidad no haya cambiado nada o al menos lo esencial no se haya tocado. Se siente la amenaza y el riesgo del presente y del futuro. Urge ver los signos de vida que hay en torno a la vida consagrada y “salir del sepulcro” ya que una nueva forma de vida consagrada es posible y para ello estamos urgidos de un nuevo seno que engendre un nuevo modo de ser humanos y de ser religiosos. Las nuevas generaciones de religiosos tienen un rol importante en esta tarea que no puede faltar. La convicción de que una nueva forma de vida consagrada es posible se repite varias veces. El documento termina afirmando que esa nueva forma es semilla, está en gestación, es la alternativa. A describir esa alternativa se dedican los últimos párrafos del documento. En ellos se desciende a precisiones concretas.
Pero el tono y el momento en que nos deja el Plan Global es el mismo en el que nos dejan en nuestros días la mayor parte de las instancias de encuentro, reflexión, programación y propuesta. Hago referencia, de un modo especial a los capítulos generales. Por lo que puedo saber, por ser protagonista en varios de la propia congregación marianista o de otras, estas asambleas se están desarrollando en ambientes buenos y fraternos. Se alza menos la voz de lo que se alzaba en el pasado; hay menos denuncia. Se llega a ponerse de acuerdo bastante fácilmente. Se realizan análisis y evaluaciones oportunas y atinadas; las sugerencias y propuestas son buenas y del buen espíritu vienen. Nos dejan con alimento para hacer el próximo tramo de la historia de la congregación pero no para llegar a la meta. Quedamos en búsqueda, en buena compañía, en sala de espera. No tocamos fondo. Se termina con la impresión de que algo nos falta y que nos falta lo que necesitamos. No damos con los compromisos que produzcan grandes cambios.
Una muerte que lleva a la vida
No hay duda que este texto del Horizonte inspirador ha llegado e inspirado mucho a esta Presidencia de la CLAR, al Equipo de reflexión teológica, a las diferentes Conferencias nacionales y no pocas Provincias y comunidades religiosas. Sé que está siendo “horizonte inspirador” de bastantes religiosos. A todos deja con buen tono, buen espíritu, inquietos. Pero con dificultad para describir y poner nombre a lo que realmente necesitamos: una nueva forma de vida consagrada. Nos ofrece icono, evaluación, convicciones teológicas, tareas para la Presidencia y el Etap; inspiración e intuiciones que no siempre habíamos tenido. Y sobre todo con una: la muerte lleva a la vida. Betania es el icono que necesitábamos. Tenemos que apuntar a una vida que multiplica la vida. No nos sirve el “y- y” ni el “o-o”. Necesitamos alternativa.
Y alternativa a la vida consagrada actual. No se está terminando la vida consagrada; se está terminando una forma de vivir la vida consagrada. Tiene que nacer otra. Pero la vida consagrada tiende a conservar, a no moverse y, con mucha frecuencia, lo consigue. Es verdad que para cambiar bien, como dice H. Maturana, hay que tener dónde poner el pie, dónde apoyarse y desde dónde partir. Pero también a dónde llegar y qué concebir. Supone olvidar, dejar de hacer, des-aprender, suprimir, terminar. Supone, también, sacarse las vendas como tuvo que hacer Lázaro; si no, no habrá movimiento.
En una espontánea lluvia de ideas de contexto latinoamericano y caribeño debemos decir que estamos hablando de un nuevo paradigma, de vino nuevo y odres nuevos, de cambio estructural, de estructuras distintas, de evangelio viviente y vibrante, de alternativa cultural, de más carisma y menos tradición, de transformación. Lo hacemos recordando la historia que nos dice: cuando una forma nueva de vida consagrada ha aparecido no han desaparecido las anteriores; se han transformado. No estamos hablando de nada fácil. Nos estamos refiriendo a lo exigente que es concebir, engendrar, ser fecundos, generar y dar vida. Según el documento las alternativas girarán en torno a la indignación y la creatividad. Estas se convierten, una vez más, en clamor. La vida consagrada es escenario donde se clama y sujeto emergente que clama y en este clamor hay que escuchar a Dios. Pero todo esto no siempre lo entendemos así. “Estas semillas de alternativas quieren llegar al lugar donde sabemos germinar como signos impredecibles del Reino”.
Esto es especialmente urgente e indispensable para la vida consagrada apostólica. La urgencia está recogida en el plan global. Para algunos es delicado el argumento que vivimos ya que supone un juicio al pasado y porque muchas veces se ha quitado sin poner. Además, las nuevas generaciones no dan muchos elementos pero sí no pocas interpelaciones; ayudan a saber qué es lo que se precisa dejar de hacer y dan pocas sugerencias para identificar lo que hay que introducir y proponer. Toca a las generaciones ya en andadura indicar cómo será un presente que tenga futuro. De todas formas, en el Plan Global no hay nada muy concreto en relación con el necesario cambio institucional. Cuando se lee atentamente sí queda uno con provocación, ganas, inspiración, empuje y motivación.
De la conversación con el Papa el 6 de junio sobre este tema bien podríamos decir que “nos dio permiso” para ensayar, buscar y hasta equivocarnos. No hay duda que esta forma nueva de vida consagrada es una semilla. Semilla que puede caer en el camino, entre piedras o hierbas malas o en buen terreno. Pero la semilla no cae sola. Hay sembradores. Se necesitan nuevos sembradores que permitan a la vida consagrada o la muestren caminos y procesos para “salir fuera del sepulcro”, desatarse las vendas, comenzar a andar y agradecer la vida nueva recibida.
En este momento yo personalmente, y sé que otros, nos encontramos en búsqueda y confiados en que meta y etapa nueva se van a encontrar y al mismo tiempo viviendo auténticamente lo que es propuesta ahora y confiando en el Señor que muestra caminos. Es verdad que la institución vida consagrada y bastantes religiosos “claman” y hay que escuchar a Dios en esas vidas que en más de una ocasión se convierten en grito.
Para llegar a la meta, dar el primer paso
Se precisa “comenzar siempre” según el estupendo consejo de Santa Teresa de Ávila. Siguiendo con su vocabulario, cuando corren “tiempos recios” se necesitan “amigos fuertes de Dios” para sacar del riesgo; y la vida consagrada está en riesgo. Por tanto, hay urgencia de dar el primer paso que no es otro que ir a Betania y en compañía de Jesús, Marta, María y Lázaro aprender a resucitar. En Betania se descubre y se vive en “una casa de encuentro, con una comunidad de amor y un corazón de humanismo”. Ahí, en Betania, y con esa compañía, la vida consagrada puede escuchar, mirar, hablar y llevar al corazón y recrear la vida y la consagración. Ahí se pondrá en contacto con otros clamores.
Hay algunas recomendaciones de fondo que pueden servir para dar el primer paso y los pasos siguientes: revisar nuestro lenguaje en torno a la vida religiosa; quizás, como un ejemplo, la palabra “superior” no sirve más. Reelaborar nuestra antropología y optar por la que nos lleve a pensar, sentir y proceder humanamente, a orar, convivir y trabajar por el Reino de diferente manera. Repensar nuestra eclesiología y nuestra espiritualidad. Basar nuestra acción carismática no en la urgencia de la eficacia sino en la humildad del signo. Convertir nuestras comunidades en grupos de contacto vital y de servicio y que sean verdaderos signos maternos que ayuden a vivir en la verdad y no en la apariencia.
No hay duda que para emprender esta tarea se requiere imaginación; así llegaremos a respuestas audaces y creativas; así se ensayará y encontrará camino y no sólo desde una visión mono dimensional, ya que estamos inmersos en realidades pluridimensionales. Realidades, por lo demás, que a veces nos dificultan vivir intensamente. No podemos olvidar que somos una generación híbrida.
Es la oportunidad
Si queremos que así sea, así será. Este plan global deja con tarea para andar en esta dirección. Por este camino nos quiere el Papa Francisco. Después de presentarle este plan global en sus palabras percibí que nos ofrecía método, camino, proyecto; nos trasmitía pasión y visión y nos presentaba una dirección. Nos invitó a ver los signos de vida y los signos de vitalidad que hay hoy en la vida consagrada. Comunicó entusiasmo. Un paso más e importante es ponerles nombre. En otro momento tenemos que acertar a situarles en el contexto cultural y eclesial actual y ver cómo la propuesta tiene algo de nuevo paradigma. A partir de esto, comenzar a vivir etapa nueva; evitar quedarse en el camino y no aprovechar esta oportunidad que se nos presenta. Indispensable para nosotros celebrar este nuevo comienzo: pedir perdón, interceder, agradecer, alabar al Señor ya que la vida consagrada sigue siendo “quilla” (Pablo VI al cardenal Pironio) de la barca de la Iglesia. Así se llega a la alternativa.
Tuve la impresión al terminar el encuentro del día 6 de junio del Papa con la CLAR que el Papa Francisco bendecía este plan y este proyecto. Estaba contento con él. Haber aceptado y querido el encuentro distendido y muy confidencial ya era mucho. El modo cómo se llevó a cabo fue una confirmación de su estilo de animación de la Iglesia y de la vida consagrada y de las ganas que tenía de estar con nosotros. Nos invitó a abrir puertas y a preferir una vida consagrada que se la juzgue y se la critique por alguna de las cosas que hace a una vida consagrada que está enferma por vivir aislada, pasiva y sin implicarse en nada… Nos invitó a querer y hacer lo que el Espíritu quiere. Así ha procedido él desde que le eligieron Papa… a poner oído atento ahí donde la vida clama. Muy fuerte la invitación a defender a los pobres. En este tema hay que cambiar de rueda. Esto es evangelio puro. Metodológicamente se precisa llegar hasta las causas de la crítica situación actual y no quedarnos en los síntomas de la aberrante fuerza de los poderes financieros. Algunos, se diría que están empeñados sistemáticamente en que haya pobres y en que sean muchos ya que es la mejor manera para que haya ricos. Más de una vez repitió una de sus palabras preferidas: no hay que ser autorreferentes; en la Iglesia y en la vida hay que vivir con y para los demás. No tener miedo de denunciar… Nos invitó a la novedad; nos convidó a la audacia; a no seguir los pasos de algunos grupos “conservadores” ni a caer en un pelagianismo renovado. Aparecida no se ha puesto en práctica, nos recordó. No fue solo un documento; ha sido y es un envío en misión. Hay congregaciones muy pequeñas y que no tienen vocaciones y se aferran al dinero. Algo hay que hacer por ellas y con ellas. Transmitió ánimo. La suya es una presencia de anciano pero del que se olvida un poco que lo es y sí acierta transmitir sabiduría y audacia, las propias de quien se sabe con propuesta alternativa.
Este Plan Global y este encuentro con el Papa hay que situarlos en una historia larga y a ratos complicada y tormentosa. La historia de más de 50 años de la CLAR. Ahora los protagonistas han cambiado en el Continente y en Roma. Ciertamente hoy, los religiosos y las religiosas latinoamericanos que se sospechaba que estaban animados de un cierto sentimiento anti romano y “liberacionista” de no buena ley ahora queremos ser apoyo y compañía para la persona, las palabras, los gestos y el proyecto de reforma de la curia y de la Iglesia del Papa. Sabemos, por lo demás, que el plan que nos hemos dado es querido, impulsado y bendecido por el Papa. Así lo sentíamos al terminar nuestro encuentro con él. 
fonte: http://www.vidareligiosa.es/i

quarta-feira, 23 de outubro de 2013

Vocação: Um chamado de amor e doação



Por: Tiago Signorini
Existem diversas situações na vida em que temos a impressão de caminhar sem rumo. As ambições humanas, a sociedade cheia de injustiças, a violência, a corrupção, a perversidade do mundo moderno que faz do homem e da mulher um ser consumista e até ‘descartável’ nos desorientam. Mas o amor de Deus, que nos ama incondicionalmente, não pode passar despercebido. Ele nos chama à vida. Eis aí nossa primeira vocação e a razão para não perdermos a esperança.
Vocação é justamente o sinal de que Deus nos ama, independente do caminho prático que escolhemos seguir. Mas, corremos o risco de achar que vocação é apenas assunto de padre e freira! Engano nosso. Todos somos vocacionados.
Jesus nos chamou a ser “sal da terra e luz do mundo” Mt. 5, 13. Não obstante nossa falta de esperança e de amor, somos chamados a iluminar e a dar sabor ao ambiente em que vivemos.
Deus também tem vocação e, para ser fiel à sua vocação, Ele chama a cada um de nós. A vocação de Deus se manifesta no grito do povo que sofre! Deus foi chamado por aqueles que sofrem e deixou que o chamado entrasse dentro Dele. Ele nos escuta, e quer que nós O escutemos. E mais: Ele quer viver dentro de nós.
Nossa era é uma era privilegiada! Vivemos a “Era da Informação”! Mesmo assim, o homem anda perdido como uma folha solta ao vento. Talvez lhe falte uma orientação, um caminho a seguir e um horizonte para se encontrar. Nós, que procuramos seguir a Jesus, temos um “manual de instruções”, uma bússola que em muito pode ajudar nossa vocação: a Bíblia.
A Palavra de Deus é a história da vocação de um povo. É o álbum das pessoas que Deus chamou: homens e mulheres, rapazes e moças, jovens e adultos. É o espelho de nossa caminhada, a história de nossa vocação.
Existe uma vocação que fundamenta todas as outras vocações: ser o que somos chamados a ser. Nossa vocação principal é ser plenamente humanos, fazendo parte da humanidade. Este caminhar é suficiente para que Deus habite em nós. Tudo o que faz um ser humano tornar-se menos humano não pode ser da vontade de Deus.
Ouçamos sempre a voz de Jesus, o humano por excelência. O Papa Leão Magno dizia: “Jesus foi tão humano, mas tão humano, como só Deus pode ser humano!” Seguindo a Jesus, encontramos nossa vocação, nosso chamado de amor e doação.
Fonte: http://www.itf.org.br/vocacao-um-chamado-de-amor-e-doacao-2.html

quinta-feira, 10 de outubro de 2013

Granito

Ei grano de mostaza es una de las semillas más pequeñas que conocemos. Y es esa semilla diminuta la que Jesús elige para utilizarla en alguna de sus comparaciones. La de hoy es excesiva, como todas: si tuviésemos la cantidad de fe mínima, minúscula, del granito de mostaza viviríamos de otra manera.
Mover una montaña o mandar a un árbol que se plante en el mar son dos acciones poco útiles, pero desproporcionadas en relación al tamaño de la fe necesaria.
Ese casi nada necesario para lograr lo improbable es lo que el nazareno reclama a los suyos. Pero no para realizar acciones desbordantes de poder caprichoso que a tantos sorprendería y adularía. Esos signos fuertes y descarados que muchos siguen buscando y reclamando de un Dios indiscutible y evidente en el que fuera obligatorio creer por esas demostraciones de poder casi caprichoso.
El granito de mostaza nos remite a esas otras realidades que son tan casi nada que se nos escapan entre los dedos de la mano fuerte y déspota que quiere controlar y manejar, incluso al mismo Dios. Esas realidades frágiles y discretas, cotidianas y que no se imponen groseramente, son las semillas del Reino que solo se pueden percibir con el regalo de la fe.
Esa cantidad infinitesimal necesaria de fe que es regalo y que va creciendo sin que nos demos casi cuenta pero que también hay que cuidar casi con mimo. Con el mimo y el esmero de lo que es frágil y hermoso, de lo que es sagrado porque es al mismo tiempo profano, de lo que es desconcertante y pacificador, de lo que es sutil y que engendra toda su fuerza en la debilidad.
Por ahí, por aquí, se va moviendo este Dios de Jesús en nuestro día a día. Y si tuviésemos la fe como ese grano de mostaza lo percibiríamos con los ojos sorprendidos y admirados y con el corazón agradecido cotidianamente.
Y este granito de fe lo tenemos todos, porque es regalo, pero no lo solemos percibir porque es demasiado pequeño y sin importancia para que le prestemos atención.
Escrito por Miguel Tombilla.
Fonte http://www.vidareligiosa.es

sexta-feira, 27 de setembro de 2013

“O caminhante e a trilha”

caminho
Por: Frei Elói Piva

Caro confrade,
tenho o prazer de lhe fazer um convite. Confie! Venha comigo! Empreenderemos uma pequena viagem. Certamente será de seu agrado. Assim o desejo. Assim o espero.
O itinerário que lhe proponho não é novo… Desinteresse?! Não! Pode parecer contraditório, mas, justamente ao relativizar a novidade, pretendo provocar sua curiosidade. É que no itinerário que lhe proponho, o que é antigo é sempre novo, o que é novo é antigo, o que é plural é também singular e o que é singular, único e pessoal, promove e possibilita encontro; e, quando assim age, pode ser expressão de amor.
Este itinerário de viagem é o da fé. Itinerário embutido em trilhas de vida humana, em inúmeras histórias de amor! Tantas quantas forem as pessoas de fé! Mesmo restringindo-nos ao cristianismo ou ao catolicismo é um desafio para a memória individual ou coletiva sequer enumerá-las. Não menos numerosas e diferenciadas são também as apreciações a respeito destas trilhas e dos itinerários percorridos. Avaliações que se recriam na mesma proporção dos admiradores e/ou dos questionadores. Até controvérsias se estabelecem e agrupamentos sociais se formam a partir das observadas características de sendas de fé. É que o atributo de ricas e significativas não sinaliza somente um convite, cuja resposta poderia então ser opcional; assinala, sim, o decisivo, o fundamental, a luz na escuridão. Por isso, o interesse. Acredito que seja assim. Nesta linha, uma carta, inédita porquanto escrita a quatro mãos, foi-nos dirigida recentemente pelo papa Francisco, intitulada Lumen Fidei. Ele e o papa emérito Bento XIV falam do que é comum à nossa Tradição e do que lhes é pessoal e específico de cada um, recordando, de maneira atual, o que gratuitamente recebemos e condividimos, e assinalando o que é próprio e pessoal, ou seja, o que só diz respeito a Você, a mim ou a quem quer que seja. E, assim como eles, outras pessoas manifestarão sua fé, explicitando-a de diferentes formas – como estamos fazendo aos leitores de Comunicações, neste “Ano da fé”.
Aceito o convite, percorrida até aqui a estrada, por gentileza, conte Você, a partir de agora, aos leitores de Comunicações o percurso que fizemos na trilha de vida de duas pessoas que tivemos a graça conhecer, aí descobrindo traços do itinerário da fé.
– Então, ao iniciar a acenada viagem, oportunidade que se nos oferecia para observação e constatação de um caminho de fé, procuramos um acesso. Aceitamos uma imaginária carona do Google Earth – programa de mapeamento virtual de nossa casa comum, a “mãe Terra”. E, a partir de algum ponto imaginário nas alturas, aproximamos seu rosto e/ou achegamo-nos a ele. Achegamo-nos a um aglomerado urbano. Individuamos um prédio, desses prédios de conjunto populacional popular, de 7-8 andares, cujo acesso físico aos apartamentos só pode ser feito por uma escada de um metro de largura. Feito isso, agradecidos ao Google pela noção de distância e de aproximação que nos deu, bem como pela viagem imaginária que nos proporcionou, dele nos despedimos. Na verdade e no âmbito de liberdade, nós é que estabelecemos o direcionamento que o “Google”, sempre tomado como ficção, podia nos oferecer.
Individuado o supracitado e anônimo prédio, a senha para chegar ao apartamento 605 tinha-nos sido oferecida pela informação de frágeis e limitativas condições de vida de um casal de idade relativamente avançada (na casa dos 70 e 80). As frágeis e limitativas condições de vida são constituídas, principalmente, pela enfermidade que prende à cama e/ou que clama por muletas para um deles; que tolhe autonomia e torna nossos debilitados anfitriões dependentes de pessoas que os ajudem ou que carreguem a um deles escada-abaixo, escada-acima, em situações de emergência; que os faz depender do socorro de parentes, amigos e vizinhos para locomoção de carro ou para algumas outras necessidades. Nessas circunstâncias, o sonho da liberdade de ir e vir e de alterar semelhantes condições físicas se faz sumamente saudoso e desejável! Elas, as condições, são determinantes, e ele, o sonho, reina platonicamente! Mas, não haveria alguma trilha iluminada, perguntávamos nós a nós mesmos?
Com certeza, queríamos acreditar. Podemos até imaginar que esta constatação e este comprometimento inerente à nossa visita sejam próprios dos discípulos de Jesus Cristo, porque, assim como Maria empreendeu uma viagem movida pela ajuda a prestar, apresentou-se diante da casa de Zacarias, cumprimentou Isabel e foi convidada a entrar, também nós empreendemos uma viagem em direção a periferias existenciais, como se exprime o Papa Francisco, batemos à porta do “apertamento” 605, soamos a campainha, e fomos generosamente acolhidos por seu Raimundo dos Santos e Dona Conceição Aparecida, ou, simplesmente, por Raimundo e Conceição. Olhos nos olhos, saudações, conversa vai, conversa vem, agradecimentos e pedidos a Deus, ao Deus de Jesus Cristo, “amante” da vida e de cada ser humano e, por isso, em Jesus Cristo, crucificado. Seu sacramento de entrega ou de amor, sobremaneiramente sinalizado no “Pão da vida”, partilhamos em cada visita.
Depois do primeiro encontro, outros se seguiram, também com outras pessoas. E, sempre fomos agraciados com a mesma renovada e afável acolhida, com simplicidade e alegria; mas também com a fala do medo e da coragem, da dúvida e da fé, da clara consciência da “prisão e da janela” que aquelas concretas circunstâncias impõem e possibilitam. Refazer o caminho do prédio, apertar o botão do “apertamento”, esperar autorização, subir as escadas, aguardar a porta se abrir, cumprimentar, entrar, ir até o acamado significou permitir que aquele caminho humano e de fé daquelas pessoas nos interpelasse, nos instruísse e nos encantasse. Ao visitá-los fomos nós mesmos agraciados, porque também fomos visitados e por uma visita que nos liberta e salva, porque nos oferece algo que vem de Deus. Significou também para Raimundo e Conceição a possibilidade de intuírem que nosso caminho também é singular, de agradecerem a Deus e de perceberem que seus fardos tornarem-se um pouco mais leves.
– Fale-me um pouco mais do Raimundo e da Conceição, pede Você. – Sim, respondo. Raimundo, 74, há mais de ano, tinha ficado preso à cama por uma artrose generalizada; agora já perambula pelo “apertamento” com andador; e, há pouco, fez o primeiro ensaio bem sucedido de descer as escadas, embora amparado. Lentamente progride em sua melhora física. A “cabeça”, ótima: guarda bela e carinhosa recordação dos filhos e amigos de trabalho, continua inveterado e entusiasta flamenguista e, na conversa, sempre encontra uma palavra-alternativa, alguma expressão que atesta seu bom humor e movimenta a conversa. Conceição, 77, foi doméstica durante muitos anos, e catequista; foi e continua sendo exímia doceira; ela é quem exerce a função, digamos, de ministra das “relações exteriores” para seu marido Raimundo.
Bem, diante dessas circunstâncias, aqui tão somente esboçadas, Você talvez imagine que ela, a Conceição, poderia ser uma pessoa abatida, desalentada, cansada da vida, descontentemente inconformada. Nada mais equivocado, porém. Ela é quem vai às farmácias, aos médicos, aos mercados; é ela quem corre em busca de uma cama mais adequada para o marido ou de outras melhorias; é ela quem se ocupa e se preocupa com seus 5 filhos, noras e cunhados, netas e netos; é ela quem prepara a comida, lava a roupa, cuida da casa; e tudo isso, não com uma saúde de ferro, mas apesar de recorrentes câimbras e de ter que andar meio torta, portanto, com dificuldades! A conclusão que então se descola é que ela é uma guerreira, porque, apesar de tudo, anda sempre disposta e cheia de iniciativa; participa, assim que pode, de celebrações litúrgicas; admira e gosta de canto-coral; nos finais de semana ainda arma uma barraquinha de doces, na rua, ocasião em que alguns rapazes, homens e mulheres estão sempre por perto, conversando, animando, dispostos e prontos a ajudá-la em decorrência da simpatia dela, de sua luta, de sua amizade e de seu bem-querer a todos, em suma, de sua contagiante alegria e disposição.
Os filhos, as filhas e os familiares, de condições econômicas e de saúde também visivelmente limitadas, sempre a visitam, atentos ao que podem fazer por seus pais, avós, sogros; um dos filhos mora fora do país, mas o coração de mãe e pai torna-o sempre presente. Desejam, porém, vê-lo pessoalmente mais uma vez antes de morrer ou, vê-lo “e depois morrer”, como afirmaram certa ocasião, lembrando Simeão!
Então, o que se passa em nossa cabeça é que tudo isto só pode ser resultado de uma íntima resposta de amor e, portanto, de fé a quem amou primeiro e é fiel em seu amor. Observamos ainda que a positividade diante dos limites de vida, a dedicação, a iniciativa, a bondade e a religiosidade estão em contraposição à paciência (ciência do padecimento) ao fazer as contas com o dinheiro contado e a situação de quase imobilidade. Estas indicações são, pois, estrelas que os distingue. Por isso, por ocasião de uma de nossas visitas, perguntamos: Conceição, como seria pra senhora uma pessoa de fé? Que imagem a senhora se faz de uma pessoa de fé? “Ouça” o que ela respondeu, depois de pensar um pouco: “uma pessoa de fé é uma pessoa ‘que se entrega totalmente’, que se lança, que confia plenamente. É como se tivesse dentro dela uma fonte de energia e de consolo; mas, muitas vezes, falando por mim, não é fácil manter o pique – advertiu. Não se tem fé segura de uma vez por todas. Muitas vezes sinto vontade de gritar, de interpelar, de xingar. Mas depois passa”. E complementou: “eu sei em quem acredito, sei que Ele está ali, que ele está aqui, que se encontra à minha frente. Ele também sabe”. Tivemos, então, certeza: ela falava de sua experiência pessoal. E, perguntamo-nos: não seria este que suscita tamanha confiança o Deus de Jesus Cristo, testemunhado e transmitido pela comunidade de fé cristã, pelos cristãos também individualmente considerados?!
Depois, percorrendo nossa trilha pessoal, considerávamos entre nós, se a Fé não seria como uma forte luz que ilumina as trevas da estrada, uma feliz e operosa esperança que rasga a trilha da vida e que faz com que o percurso pessoal e comunitário seja gratificante. Acreditamos que pessoas de fé são semelhantes a Raimundo e Conceição, independentemente das condições sociais, pois sabem em quem confiam, a quem se entregam de maneira plena e total; são operosas, constroem e testemunham o Reino de Deus, pois se entregam operosamente aos desígnios de Deus; são amantes da vida, propositivas, amigas; são corajosas, perseverantes; admiradoras e respeitadoras de todas as pessoas; amáveis e, não obstante, trazendo em seu corpo e em sua alma marcas do Crucificado; experienciam, de alguma forma, que Deus veio e vem amorosamente a seu encontro em Jesus Cristo e, por isso, creem; lembram, assim os primeiros discípulos, que foram ao deserto em busca do Messias, e que pelo assombro inusitado que a pessoa de Jesus despertava neles, acolheram o dom da fé e vieram a ser discípulos de Jesus (cf. DAp 21), lembrando também São Paulo que assim exprime sua experiência de vida: “Ele me amou e por mim se entregou” (Gl 2,20) – sou, então, por sua graça, uma nova criatura!
E, agora, caro confrade, amigo leitor, amiga leitora: certamente, Você não viu a fé andando por aí. Mas, com certeza, Você conhece muitos outros Raimundos e muitas outras Conceições, “conjugados” ou não. Você, certamente, conhece muitos deles em circunstâncias bem ou completamente diferentes daquelas dos moradores de nosso “apertamento” 605. Sim, concordo: a variedade de conjunturas pouco importa. Em diferentes situações pessoas como Raimundo e Conceição são estrelas no universo da fé! São como flores pequeninas, despercebidas talvez, mas igualmente maravilhosas. E não são poucas! Por acaso, elas não lhe são motivo de admiração e louvor? Uma vez que transpõem montanhas, atravessam rios, ultrapassam névoas escuras, não iluminam tua própria trilha de vida e todas as trilhas? Diriam, certamente, teólogos e místicos: sua vida está escondida em Deus, mas sua manifestação se deixa ver para quem tem olhos para ver; trazem Deus à superfície de suas obras, à superfície da encarnação. Quem ama vê; quem vê admira, quem admira se comove e age de acordo com os desígnios de Deus.
Fazendo um balanço, manifestamos esta esperança: Quem sabe o esboço desta singular viagem seguindo, na trilha da vida, o itinerário de fé de Raimundo e de Conceição não te ajude a recordar as viagens que Você fez seguindo pessoas de fé! Quem sabe não te ajude a desejar mais itinerários de fé em trilhas de vida e, principalmente, a continuar em sua trilha de vida seu itinerário de fé…
O caminhante sou eu, é Você, somos nós; a trilha é a do Amor que suscita o itinerário da fé.
fonte: http://www.itf.org.br/o-caminhante-e-a-trilha-texto-do-frei-eloi-piva.html

quinta-feira, 19 de setembro de 2013

Vida Consagrada

Dom Orani João Tempesta, OCist.
Arcebispo Metropolitano de São Sebastião do Rio de Janeiro



No primeiro domingo deste mês vocacional rezamos pelos nossos padres. No segundo, agradecemos a vida e o dom da paternidade, colocando nossos pais, vivos e os que estão na glória de Deus, diante do altar. O terceiro domingo foi dedicado a todos os consagrados: freiras, freis, irmãos e irmãs que dão a sua vida pelo Evangelho na contemplação ou na ação pastoral, segundo os conselhos evangélicos. A vida consagrada é um desdobramento da vida batismal, na esteira dos Conselhos Evangélicos da pobreza, da obediência e da castidade.

Toda a nossa existência de fiéis cristãos deveria ter como destaque a nossa vida batismal, pois nela somos incorporados a Cristo, nela somos libertos do pecado e assim regenerados pelo Espirito Santo. Nela nos tornamos participantes da vida trinitária. Portanto, a nossa consagração começa no batismo, pois este é fonte de responsabilidade e de deveres, tal como servir aos outros na comunhão da Igreja.

A vida consagrada em que se professa os três votos mencionados é uma resposta a esta consagração batismal dentro de um chamado a um carisma especial na Igreja. É uma resposta radical ao extraordinário amor de Deus sobre nossas vidas. É um ir além, numa vida comprometida com a implantaçaõ do Reino de Deus entre os homens e entre as mulheres.

O cristão sempre é chamado a jogar suas redes em águas mais profundas, ao se provocar pelo estímulo a uma nova vida, mais radicalizada e mais enrraizada em Deus. Corre-se o risco para Deus, e descobre-se que só Deus basta para nossa vida.

No processo da consagração ouve-se a voz de Deus que chama. A Igreja reconhece este chamado e o autentica ao autorizar a existência dos Institutos de Vida Consagrada, que tanto bem fizeram e fazem ao Povo de Deus e a toda população, através da entrega da própria vida pelo irmão, e, além dos vários serviços de missão, evangelização, catequese, também nos diversos organismos de caridade, educacionais, do cuidado com a saúde, no desvelo com a terceira idade e de promoçao humana existentes.


Deus chama homens e mulheres, através da vida consagrada, para um missão de amor em favor dos homens, e, principalmente, pelos preferidos: os pobres.

A riqueza da Igreja, já nos dizia o mártir São Lourenço, celebrado nesta semana, não está nos seus edifícios que são do Povo de Deus ou no propalado, cobiçado e imaginado poder financeiro, mas nos pobres, nos que sofrem, nos que a Igreja acolhe, educa, cuida e apresenta como o seu inexorável tesouro que jamais a traça comerá.

Os religiosos e congrados são um dom precioso da Igreja e do mundo, este tão carente, tão sedento de Deus e de sua palavra, mas também de testemunhos.

Porém, antes mesmo do serviço que os religiosos prestam às pessoas, a sua mais importante missão é o "ser", quer dizer, o testemunho de vida em comunidade, doada diariamente com alegria e generosidade. São os "sinais escatológicos" do Reino de Deus. Nestes últimos tempos, ao lado de antigas tradições de consagrados juntaram-se muitas outras novas experiências de grupos de pessoas que atualizam dentro das atuais realidades e, muitas vezes, como sinais de contradição: o chamado de Deus para essa consagração radical. Dentro dos vários estilos de carismas encontramos o equilíbrio entre a vida de ação e contemplação, de oração, de trabalho – presentes em cada pessoa, em cada instituto e na própria estrutura eclesial.

No mundo do descartável, do prazer sem limites, na opulência do dinheiro e do ter, da autossuficiência, sentimo-nos atraídos, através da vida consagrada, a uma outra proposta de seguimento mais sublime de Jesus Cristo através da dedicação a Deus pelos conselhos evangélicos e, desta forma, são um doce e eloquente sinal de Deus neste mundo.

No dia de oração pela Vocação à Vida Religiosa quis enviar um afetuoso abraço de encorajamento na sua vocação e na sua missão a todos os consagrados que trabalham no âmbito de nossa Arquidiocese, que fazem a diferença do rosto de Cristo e da Igreja no Rio de Janeiro. Agradecemos a Deus por nos proporcionar tantas vocações na vida consagrada, e pedimos-Lhe que estes continuem a ser um sinal de graça perene no mundo, na construção da justiça e do amor.

Por isso, agradecidos a Deus pela vocação consagrada, peçamos novas e autênticas vocações para este serviço e que a Trindade ilumine todos os que continuam dando passos para que o Reino de Justiça e de Paz se estabeleça entre nós pelo testemunho dos que deixam tudo para trás, por amor, para ser totalmente de Jesus e da Igreja. Que Deus guarde, abençoe e proteja os consagrados! 
Fonte: http://www.reflexoesfranciscanas.com.br/2010/08/vida-consagrada.html

terça-feira, 23 de abril de 2013

Siempre es tiempo: tiempo de comenzar

Escrito por Gema Juan.

Siempre es tiempo, decía Teresa de Jesús.
Tiempo de abrir una página nueva, de aprender, de compartir. Siempre es tiempo de buscar, de recibir, de esperar. Tiempo de crear, de confiar, de elegir…
Me ofrecen hablar sobre temas de vida contemplativa y, mientras despedía a Jorge, un trabajador rumano que, con grandes dificultades, lucha por salir adelante, pensaba: ¿nuestros temas? ¿cuáles son nuestros temas...? pues las gentes y Jesús, o Dios y el mundo o la humanidad y el Espíritu. ¿Qué otra cosa puede interesarnos, causarnos alegría o preocupación?
Sabemos que Jesús se preocupó por Dios y por los demás. Que vivió desde el Dios de sus entrañas, transparentándolo. Hacer presente su inagotable bondad y amor a través de la fraternidad, la paz, la liberación, parece haber sido su pasión y lo que le llevó a la Pasión: su coherencia al practicar la misericordia hasta el límite. Parece que para Jesús siempre era tiempo, nunca era tarde ni a deshora. Para la misericordia siempre es tiempo, dice la vida de Jesús.
 vida religios
Avisó a sus discípulos de que iban a tener luchas en el mundo, pero les dejó también la clave para poder vivir: «sabed que yo estoy con vosotros». Teresa de Jesús avisaba a sus hermanas de que, ante las dificultades que a veces cercan la vida, no echaran a los tiempos la culpa, porque «para hacer mercedes Dios… siempre es tiempo». Para Él siempre es tiempo de estar con nosotros, alcanzándonos con su misericordia. Siempre, quizás el adverbio más divino: en todo, en cualquier tiempo.
Ojalá descubramos con Él que es nuestro tiempo. Tiempo de gratuidad, de dar gratis lo que gratis recibimos y de permanecer. Tiempo de romper con los sábados que siguen existiendo, de salir de «lo nuestro» para «hacer el bien, salvar una vida», como dice Jesús.
La mies es mucha… la crisis es grande. Es tiempo de que se muevan las entrañas y de que ayudemos a removerlas. Es tiempo de entender aquello de «quiero misericordia y no sacrificios», porque sin misericordia no se abre lo humano ni se intuye lo divino.
Con esto podemos echar a andar y hacerlo con confianza. Siempre es tiempo de comenzar, también lo dijo Teresa: «ahora comenzamos y procuren ir comenzando siempre de bien en mejor».
fonte:http://www.vidareligiosa.es


domingo, 6 de janeiro de 2013

¡Mutuas relaciones en la Iglesia!”, cuestión recurrente: ¿cuándo y cómo solucionarla?

Las “mutuas relaciones” entre Obispos y Religiosos en la Iglesia es un tema recurrente, desde que el Papa aprobara y decretara publicar el 23 de Abril de 1978 el documento preparado y elaborado por la Congregación para los Religiosos e Institutos seculares y la Congregación para los Obispos, titulado “Mutuae Relationes”.
Se han multiplicado los encuentros, los comentarios. Todavía ahora, en el 2012 el tema sigue siendo debatido. ¿Qué es lo que ocurre? ¿Dónde está la dificultad? ¿Existe alguna vía de salida?
Aunque el grupo de los “religiosos y religiosas” sea muy significativo en el conjunto de la Iglesia, el debate de las “mutuas relaciones” no debería quedar reducido a ellos y ellas y a los Obispos. Las relaciones en la Iglesia, como cuerpo, son, deben ser multidireccionales.
No hay que olvidar que el problema no es únicamente las relaciones entre religiosos-obispos; también resultan problemáticas y difíciles las relaciones en otros colectivos como los movimientos, las comunidades eclesiales de base, las mujeres cristianas, los laicos respecto a la Jerarquía, la Iglesia de los pobres respecto a Iglesias aburguesadas, la teología y el magisterio, las iglesias particulares y la iglesia mundial. Tales dificultades de relación indican que este “cuerpo” de la Iglesia -al cual denominamos “Cuerpo de Cristo”- no funciona bien. Sus miembros no viven en armonía y producen por una u otra parte constantes desajustes. ¡La solución se llama “mutuas relaciones”! Reparemos en el significado de la doble expresión “relaciones” y “mutuas”.
Tomar conciencia de las “relaciones” nos lleva a comprender que sin interconexión nos encaminamos hacia la parálisis y la inutilidad o ineficacia. Sólo la relación salva al cuerpo. La falta de relación lleva a la metástasis de los miembros y repercute después en el todo. La herejía es una forma de metástasis. Aunque no es fácil discernir en qué personas o grupos la herejía se establece.
Tomar conciencia de la reciprocidad de las relaciones o de las “mutuas” relaciones, nos hace comprender que éstas han de ser “de ida y vuelta”. No basta encontrar en la cabeza el centro de relación; también la cabeza debe encontrar en todos los miembros su punto de relación; y todos los miembros han de encontrar su centro de relación en todos los demás. Con su exhortación “amaos los unos a los otros”, Jesús, nuestro maestro, lo expresó de forma sublime. Hay relaciones “mutuas” allí dónde se da un auténtico encuentro entre personas o grupos de personas que se dignifican mutuamente, que dialogan sin impaciencia y con humildad, que fraternizan porque se sienten hijas e hijos del mismo Dios Padre y se reconocen en la diferencia de sus carismas recibidos del Espíritu. No hay “mutualidad” allí donde solo uno se inclina ante el otro, donde el uno manda y el otro se somete, donde se discrimina y humilla. Un bello ejemplo de “mutualidad” acontece en el inicio de la liturgia eucarística entre la Asamblea y el Celebrante: éste dice: “El Señor esté con vosotros” y la Asamblea responde “y con tu espíritu”.
* * *
La vida religiosa hoy no desea eximirse de la vida eclesial. Desea ser iglesia, sentirse iglesia, sentir con la iglesia. Y se plantea cómo relacionarse con todas las formas de vida eclesiales y con todas las iglesias particulares en las cuales está presente. Es obvio que en este contexto tienen una especial importancia los obispos de las Iglesias particulares con su presbiterio y su laicado, con sus proyectos misioneros y pastorales.
La dificultad que implican las mutuas relaciones entre “religiosos y obispos” no son únicamente debidas a las características de la vida religiosa. Son un síntoma de las difíciles relaciones dentro de la Iglesia. Si la vida consagrada está constituida mayoritariamente por mujeres, las mutuas relaciones tienen mucho que ver con la relación entre “lo masculino y lo femenino” en la Iglesia: cuestión que sigue siendo problemática irresuelta, y más allá donde impera el machismo o un feminismo radical. Si además, a las hermanas sumamos los hermanos laicos -¡una realidad todavía más mayoritaria en la vida religiosa!-nos encontramos con la seria dificultad de las mutuas relaciones entre el clero y el laicado; allí donde impere el “clericalismo” o el laicado radical, estas relaciones se vuelven enormemente frágiles y conflictivas. Si contemplamos la vida religiosa desde la perspectiva de los ministros ordenados religiosos nos topamos con las dificultades de relación dentro del mismo clero, de la misma diócesis, con la impresión de que quienes pertenecen a una congregación u orden sienten muy debilitada su pertenencia a la diócesis; en ellos se detecta las difíciles “mutuas relaciones” entre unas iglesias particulares y otras, incluso dentro del mismo colegio episcopal y sus presbíteros.
Entre varones y mujeres: La relación entre lo masculino y lo femenino en la Iglesia ha sido y sigue siendo “desigual”. No se puede sinceramente hablar de “mutuas relaciones”. No somos los varones quienes tenemos que decir que las relaciones funcionan muy bien y que son las adecuadas. Son ellas, nuestras hermanas, quienes nos deben decir cómo se sienten. ¡Claro que hay mujeres muy sumisas y dispuestas a aceptar lo que sea! ¡Están resignadas ante lo que consideran una condición ineludible y necesaria! Pero también hay mujeres que con la evolución histórica y sus luchas, descubren la dignidad de lo femenino y la necesidad -para bien de la humanidad- de acogerlo e incluirlo en el espacio de las relaciones. Se pide que las relaciones sean mutuas en la pareja, en la familia, en la sociedad, en la política, en la economía, en el trabajo. Poco a poco la sociedad se hace más sensible ante ello. Pero ¿qué decir de las mutuas relaciones en el Cuerpo de la Iglesia? ¡Que hablen nuestras hermanas y digan cómo se sienten de aceptadas, de escuchadas… Y todavía más: las mujeres religiosas o consagradas son miradas por no pocos varones desde una superioridad intelectual; y se las valora en la medida en que aplauden nuestros discursos y decisiones, pero no se les deja espacio para que ellas también hablen y decidan.
Entre laicos y clérigos: dijo paradigmáticamente san Agustín “con vosotros soy cristiano; para vosotros soy obispo”. La conjugación del “con” y “para” es el principio armonizador del cuerpo de Cristo. El “para vosotros” establece relaciones de “servicio”, de auténtica ministerialidad. Corresponde al “vosotros laical” reconocer si el servicio del “para” es en realidad tal y si no se ha depravado en un mero “poder sobre”. Hay un laicado muy insatisfecho respecto al servicio que recibe: unas veces atemorizado, otras veces alterado, otras veces resignado para no causar problemas. El neo-clericalismo emergente, teledirigido por un conservadurismo de resistencia, rompe relaciones y aleja de la Iglesia a un laicado que en otras circunstancias mantendría su conexión eclesial.
Entre lo diocesano y lo eclesial mundial: las mutuas relaciones en la iglesia particular han de ser inteligentes. Una comunidad religiosa no está en una Iglesia particular transplantada y desarraigada del árbol del que procede. Una comunidad religiosa no está en una Iglesia particular sólo por imperativo diocesano, sino también por imperativo pontificio. Las relaciones que se establecen no son únicamente intra-locales, sino inter-locales y trans-locales. Para una iglesia particular es un regalo del Espíritu contar con comunidades trans-locales, con movimientos trans-diocesanos, porque le abren el horizonte a lo católico, a lo mundial. Las relaciones mutuas que se establezcan han de ser, por lo tanto, inteligentes y afectivas. La llegada de una comunidad religiosa a una diócesis implica una “re-organización” interna de la diócesis. Pero, a su vez, las iglesias particulares re-organizan las Provincias o circunscripciones de los religiosos o religiosas y hasta los mismos Institutos a nivel global.Incluso el presbiterado religioso en una iglesia particular está marcado por una misión congregaciones trans-particular.
* * *
La tradicional “exención” -¡expresión y concretización jurídica de una realidad teológica!-, considerada por algunos como “privilegio” que lesiona la organización diocesana, no es tal, sino el reconocimiento de la “trans-diocesanidad” propia de una vida religiosa o consagrada con aprobación pontificia al servicio de todas las iglesias particulares del planeta. La exención implica el reconocimiento y la acogida de una aportación carismática a la Iglesia diocesana, a su misión, a su espiritualidad. La Iglesia diocesana acoge el don del Espíritu que sopla como quiere, donde quiere y el tiempo que quiere. “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó”. Por eso, la diócesis no fuerza esa presencia carismática, ni la domestica, ni la institucionaliza de tal forma que pierda su singularidad. Se reorganiza para acogerla.
A la tradicional “exención” se une hoy -¡más que nunca!- la “inserción” en la Iglesia particular, especialmente en sus zonas de marginación y pobreza. Donde la vida consagrada encuentra su espacio de misión carismática es cuando atiende y se inserta en el mundo de la pobreza, la necesidad, la ignorancia, la marginalidad, las alarmas sociales emergentes. En determinadas circunstancias los institutos religiosos pueden ofrecer a las iglesias particulares el apoyo de sus redes. La vida consagrada carismática quiere ser muy respetuosa con la realidad eclesial particular y quiere evitar cualquier rasgo de autosuficiencia, de imperialismo globalizante, aunque a veces no lo consiga. Su presencia en las iglesias particulares viene acompañada de procesos de “kénosis”, de servicio humilde, atento a las necesidades y la disponibilidad para atender a lo más urgente y necesario en situaciones de emergencia. La Iglesia particular ha de saber que ninguna comunidad de vida religiosa o consagrada es autónoma: tiene el correctivo permanente de la Provincia o circunscripción y de todo el Instituto. Los Capítulos Generales y Provinciales sirven de correctivo, de orientación, de revisión y proyecto. Así mismo, es beneficioso para la comunidad de vida consagrada –inserta en una diócesis- el que la Iglesia particular la cuide, le pida fidelidad, la corrija, la estimule. ¡Qué bueno es que lleguen a los Capítulos provinciales y generales los deseos de las Iglesias particulares, las energías del Espíritu que de ellas se desprenden! No bastan los proyectos mundiales, también se hace necesario “localizarlos”, “diocesanizarlos”, realizando en cada lugar una tarea hermenéutica acompañada y discernida también por la Iglesia local.
Por esto, bien podemos hablar de la “exención inserta” para expresar al mismo tiempo la libertad carismática, la catolicidad y también la contextualidad eclesial particular.
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Demasiadas realidades están implicadas en el tema recurrente de las “mutuas relaciones”. Es lo propio de la “ecología del Espíritu”. ¡Todo está conectado! Por eso, no hay que reducir la perspectiva. Nada conseguiremos con plantearnos sin más la relación entre “obispos y religiosos”: la cuestión es eco-eclesial. La Iglesia está necesitada -para responder a la gran eclesiología de la comunión del Vaticano II- de una re-organización interna, de una eclesiología de las formas de vida cristiana y de ministerialidad cristiana. La Iglesia de las formas de vida y de ministerio necesita re-encontrarse en la única misión, en la “missio Dei”, en la “missio Spiritus”. No se trata de colaborar principalmente con el Papa y con los Obispos, sino de colaborar todos con la “missio Dei”. Sólo desde esta profunda fe en el Espíritu del Hijo y del Padre, que lleva adelante el proyecto de la Creación y de la Salvación, sólo desde un serio compromiso en su “misión” nos encontraremos todos, descubriremos nuestros carismas y servicios, reconoceremos los carismas y servicios de los demás y nos sabremos llevados por el mismo Espíritu. “Hay en la Iglesia diversidad de ministerios, pero unidad de misión”, decía programáticamente el Decreto “Apostolicam actuositatem”, n. 2 del Concilio Vaticano II. Un número realmente fantástico que convendría re-leer, meditar y poner en práctica hoy.
Sí, la Iglesia necesita reorganizarse desde la misión. Y también la vida religiosa dentro de la Iglesia necesita reorganizarse desde la misión. Y ¡establecer las mutuas relaciones desde este presupuesto! Tanto amó la Iglesia al mundo, que estableció dentro de sí unas relaciones mutuas de tal calidad que “el mundo comenzó a creer”.
fonte:http://www.vidareligiosa.es/index.php?option=com_content&view=article&id=439:imutuas-relaciones-en-la-iglesia-cuestion-recurrente-icuando-y-como-solucionarla&catid=2:articulos&Itemid=3